EL DESAIRE A TRAVES DE LOS CELULARES

El phubbing, la nueva mala costumbre de la humanidad

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CIUDAD DEL ESTE (Tendencias, por Carlos Roa) El habitué de las 24 horas del día en todo el mundo, es conocido como el phubbing que significa en español el desaire por el celular, que trae de condimento redes sociales, whatsapp, Facebook, twitter, y hasta fotos hot, o sea, semidesnudas o en pelotas, tanto mujeres como hombres. Es la nueva tendencia que marca el ritmo del calentamiento global de las ideas fugaces, del pensamiento rápido y furioso y la forma de pubbingnearse a través de los smartphones, tablets, computadoras, notebooks y el único que queda huérfano sería el 1100.

Una estadística que también comparte la web Stopphubbing.com, en la que la gente protesta contra esa forma de evitar prestarle atención a lo que le rodea y crear una burbuja personal con su móvil. «Es molesto, patético y patológico», dice el bloguero y docente Carlos Múnera. Esta dependencia en lo virtual es «incompatible» para el encuentro con la pareja, la familia o los amigos.

Dependencia del Me gusta

¿Es menospreciar al que tiene al lado? En su concepto, surge una dependencia de lo que sucede en las redes. «Es esa necesidad de estar revisándolas y de ser valorado y admirado por el clásico Me gusta». Aquí es más importante un post que el otro, y ya no queda nada de qué hablar. Le sucede en clase. Sus alumnos, muchas veces, intentan estar conectados acá, en el tablero, y allí, en el móvil. Lo que hace Carlos es involucrar el dispositivo en la clase pero reflexiona sobre ello y cree que «estamos dejando de ver y escuchar al otro».

María Teresa Gómez, psicóloga del CES, con maestría en salud mental de niños y jóvenes, dice que es un fenómeno que incluso ve en la consulta. «Si se les permite a los jóvenes, hacen lo que quieren». En su concepto, las tabletas y teléfonos no pueden ser pensados como una forma de entretener a los hijos. «Es preciso que existan reglas y espacios concretos para utilizarlos». Quizás no hagan falta cuando se sienten a conversar padres e hijos luego de llegar del colegio, o en un restaurante sea mejor apagarlos.

Es cuestión de «urbanidad», pero también de no perder eso que conecta con los otros y permite una buena comunicación, es decir, el contacto visual, percibir el lenguaje corporal o no verbal, identificar las emociones y resolver la convivencia del día a día.

Ariel Torres, columnista de La Nación, identificó algunas Delicias analógicas que se llevó el celular, entre ellas, la posibilidad de la llamada sorpresa, porque la pantalla siempre le adelanta que llama «el jefe»; y el tono de ocupado, pues ahora si lo interrumpe otro, hay que cortar y atenderle. ¿Habrá forma de tener paz? quizás falta volver al clásico.

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