NACIONALES (Historia, por Carlos Roa) Justiniana Martínez de Mereles fue una mujer que desafió todas las normas de su tiempo: combatió en la Guerra del Chaco disfrazada de hombre, perdió a su esposo en el frente y aun así siguió luchando hasta el final. Su historia es una de las más extraordinarias de la memoria paraguaya.
Nació el 1 de diciembre de 1913 en San Miguel, Misiones, hija de Felipe Martínez e Inocencia Rodríguez. A los 12 años se casó con Juan de la Cruz Mencia, un reservista que fue llamado a combatir en la Guerra del Chaco. Decidida a no separarse de él, se rasuró la cabeza, se disfrazó de varón y se presentó en el cuartel de San Juan Bautista. Desde allí partió hacia Coronel Bogado y luego, en ferrocarril, hasta Asunción, rumbo al frente chaqueño.
En plena contienda, Justiniana peleó como un soldado más. Su esposo murió a su lado en el campo de batalla, pero ella no abandonó la lucha. Continuó combatiendo hasta el final de la guerra, demostrando un coraje que la convirtió en símbolo de resistencia. Su rango fue el de soldado raso del Ejército paraguayo y permaneció activa entre 1932 y 1935.
Al regresar, rehízo su vida junto a Eligio Mereles, con quien formó una nueva familia. Se dedicó al oficio de partera empírica, ayudando a traer al mundo a generaciones de niños en su comunidad. Su rol como partera fue tan importante como su paso por la guerra, pues la convirtió en una figura de servicio y cuidado en San Miguel.
Vivió más de un siglo. En 2013, al cumplir 100 años, fue homenajeada en su ciudad natal, donde se recordó su historia de heroísmo y entrega. Falleció el 15 de agosto de 2017, a los 103 años, en San Miguel, Misiones.
La vida de Justiniana es recordada como la de una mujer que rompió moldes, que desafió las normas de su tiempo y que demostró que el amor y el coraje podían llevarla hasta el campo de batalla. Su historia se inscribe como una de las primeras mujeres combatientes registradas en la historia militar paraguaya, y su legado sigue vivo como ejemplo de valentía y resiliencia.
