CIUDAD DEL ESTE (Curiosidades por Carlos Roa) Después de la ovulación, la temperatura basal del cuerpo sube ligeramente, entre 0.4°C y 0.6°C. No es fiebre, sino la reacción natural del organismo a la progesterona, una hormona liberada por el cuerpo lúteo, que se forma a partir del folículo que dejó salir al óvulo.
La progesterona actúa sobre el hipotálamo, el centro de control térmico del cerebro, y acelera un poco el metabolismo. El objetivo es preparar un ambiente cálido y acogedor en el útero para un posible embarazo. Este aumento de temperatura se mantiene durante toda la fase lútea y, si no hay fecundación, el cuerpo lúteo se desintegra, la progesterona baja y la temperatura vuelve a su nivel normal, marcando el inicio de la menstruación.
Este cambio térmico es tan preciso que muchas mujeres lo utilizan como indicador de fertilidad. Medir la temperatura basal permite identificar la ventana fértil y confirmar que la ovulación ocurrió. Esa pequeña fracción de grado no es solo calor: es energía metabólica enfocada en la posibilidad de crear vida.
