Medicinas, láser y cirugía contra la presión ocular

GLAUCOMA: EL LADRÓN SILENCIOSO DE LA VISTA

CIUDAD DEL ESTE (Salud, por Esteban Ross) El glaucoma es conocido como el “ladrón silencioso de la vista” porque avanza sin causar dolor ni síntomas evidentes, dañando poco a poco el nervio óptico, que es el cable principal que conecta el ojo con el cerebro. Este daño ocurre cuando el líquido interno del ojo no se drena correctamente, aumentando la presión ocular y aplastando las fibras nerviosas. Al inicio, la persona pierde la visión lateral y termina viendo como si estuviera dentro de un túnel. Si no se trata, puede llevar a la ceguera irreversible.

El ojo produce constantemente un líquido transparente que nutre sus estructuras y mantiene su forma. Este líquido debe salir por un desagüe natural, pero cuando se bloquea o se estrecha, la presión aumenta y daña el nervio óptico. Existen dos formas principales: el glaucoma crónico, que avanza lentamente sin síntomas, y el glaucoma agudo, que aparece de golpe con dolor intenso, visión borrosa, enrojecimiento y náuseas, siendo una emergencia médica.

Los factores de riesgo incluyen la edad avanzada, antecedentes familiares, diabetes, miopía severa, hipertensión arterial, traumatismos oculares y el uso prolongado de corticoides en gotas. Por eso, las revisiones periódicas son fundamentales. El diagnóstico se realiza midiendo la presión ocular con un soplo de aire o un contacto suave en la superficie del ojo, dilatando la pupila para observar el nervio óptico y evaluando el campo visual con pruebas de luces parpadeantes.

El tratamiento busca detener la progresión, ya que la visión perdida no se recupera. Se utilizan gotas diarias como latanoprost, timolol o brimonidina, que reducen la producción de líquido o facilitan su salida. En casos más severos, se recetan pastillas como la acetazolamida para controlar rápidamente la presión. Si las gotas no bastan, se recurre al láser para abrir los canales bloqueados o a cirugías que crean nuevas vías de drenaje o implantan válvulas diminutas.

La disciplina diaria es clave: las gotas deben aplicarse siempre a la misma hora, porque su efecto dura pocas horas. Suspender el tratamiento por sentirse bien es un error que permite que la presión vuelva a subir y siga destruyendo fibras nerviosas. El acompañamiento médico es esencial: el oftalmólogo es el especialista que controla y trata el glaucoma, mientras que el optómetra puede detectarlo en exámenes rutinarios y derivar al paciente a tiempo.

El glaucoma es una enfermedad silenciosa pero devastadora, que exige prevención, revisiones periódicas y un compromiso estricto con el tratamiento para conservar la visión.

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