La fotobiomodulación ofrece una alternativa innovadora para revitalizar la salud ocular.

LA LUZ QUE REJUVENECE LA VISTA

 

CIUDAD DEL ESTE (Ciencia y Salud, por Esteban Ross) Cuando pasamos mucho tiempo leyendo, frente a pantallas o simplemente concentrados, es común sentir los ojos cansados. Esto ocurre porque dentro de nuestros fotorreceptores —las células de la retina que captan la luz— se desarrolla un proceso bioquímico constante. Las mitocondrias, conocidas como las “centrales energéticas” de las células, trabajan sin descanso para producir la energía que permite a los fotorreceptores enviar señales al cerebro. Sin embargo, con el paso de los años estas mitocondrias se deterioran, pierden eficiencia y, cuando muchas dejan de funcionar, la vista comienza a decaer. Este desgaste es parte del envejecimiento natural y explica por qué la visión suele volverse más débil con la edad.

Las soluciones tradicionales como los lentes, las cirugías o los suplementos antioxidantes ayudan en ciertos aspectos, pero no atacan directamente el problema de fondo: la pérdida de energía mitocondrial. Los lentes corrigen la forma en que la luz entra al ojo, la cirugía modifica la estructura ocular y los suplementos aportan defensas contra el daño oxidativo, pero ninguno de ellos logra “recargar” las mitocondrias. Por eso, muchas personas sienten que estas soluciones no son suficientes para recuperar la claridad visual que tenían antes.

En 2021, un equipo de investigadores encabezado por el profesor Glen Jeffery del University College London demostró algo sorprendente: la exposición breve a una luz de onda larga, específicamente de 670 nanómetros, aplicada durante tres minutos al día sobre los ojos cerrados, puede mejorar la función mitocondrial en los fotorreceptores. Los resultados mostraron una mejora promedio del 17% en la visión de adultos mayores de 40 años. Este fenómeno se conoce como fotobiomodulación, y se basa en la capacidad de las mitocondrias de absorber ciertas longitudes de onda para recuperar energía y mejorar su rendimiento. En estudios adicionales se observó que este tipo de luz ayuda especialmente a los conos, responsables de la visión en color, que son los más afectados por el envejecimiento.

Este descubrimiento abre la puerta a nuevas formas de cuidar la salud ocular, más allá de los métodos convencionales. Aunque todavía no es una práctica extendida en consultas oftalmológicas, la evidencia científica sugiere que la luz roja profunda podría convertirse en una herramienta accesible y segura para moderar el envejecimiento visual. La retina, por su alta demanda energética, envejece más rápido que otros órganos, y este tipo de estímulo lumínico ofrece una manera sencilla de apoyar su regeneración natural

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