CIUDAD DEL ESTE (Ciencia y salud por Esteban Ross) El ronroneo de los gatos es mucho más que una señal de felicidad, es un fenómeno que la ciencia ha estudiado con detalle y que puede tener efectos sorprendentes en las personas. Los gatos producen vibraciones en un rango de entre 25 y 150 Hz, y buena parte de ellas se ubican entre 25 y 50 Hz. Estas frecuencias bajas han sido analizadas por investigadores porque coinciden con las que estimulan la reparación de huesos y tejidos en estudios médicos. Aunque no se trata de un tratamiento ni de magia, la coincidencia resulta fascinante y explica por qué se dice que los gatos “se sanan a sí mismos” cuando ronronean.
Más allá de esa curiosidad, el efecto más sólido y comprobado del ronroneo está en la reducción del estrés. Acariciar a un gato y escuchar su vibración disminuye el cortisol, relaja el sistema nervioso y se asocia con una presión arterial más baja. Es como recibir una señal de calma que ayuda al cuerpo a equilibrarse. No es casualidad que las personas con mascotas tiendan a manejar mejor la ansiedad y las tensiones diarias. El ronroneo funciona como un recordatorio natural de que la tranquilidad puede encontrarse en los gestos más simples.
Aprovechar este beneficio es sencillo: basta con dejar que el gato se acomode en el pecho o el regazo y acompañar el momento con respiraciones lentas durante unos minutos. Es una pausa antiestrés que no requiere más que tiempo y disposición. Eso sí, no sustituye la atención médica para problemas como la osteoporosis o la hipertensión, pero sí puede ser un complemento agradable y saludable. Entre la coincidencia de frecuencias y el efecto relajante, el ronroneo convierte a los gatos en compañeros que aportan mucho más que compañía, regalando bienestar en cada vibración.
