LÁZARO MATEO, MEMORIA DE LA ESCLAVITUD EN PARAGUAY

CIUDAD DEL ESTE (Historia, por Carlos Roa) El despertar de los inocentes sin voz: la historia de Lázaro Mateo, niño esclavo en Paraguay. La vida de Lázaro Mateo, como la de tantos otros esclavos antes de la abolición total en 1869, estuvo marcada por la precariedad extrema y la resistencia silenciosa. Su infancia transcurrió bajo el régimen de la esclavitud, en un tiempo en que la “Libertad de vientres” de 1842 aún no alcanzaba a todos. Mujeres debían servir hasta los 24 años y hombres hasta los 25, prolongando un sistema que negaba la autonomía y la dignidad.

La salud y el cuerpo como territorio de lucha Ante la ausencia de asistencia médica, las familias esclavizadas recurrían al conocimiento ancestral indígena y africano. Infusiones de té de burrito, poleo o corteza de árboles locales servían para bajar la fiebre. Las heridas de los latigazos se trataban con agua hervida y sal, llantén o grasa animal, intentando evitar infecciones mortales.

La vestimenta: pobreza y resistencia La ropa era símbolo de condición. Los hombres apenas vestían taparrabos o pantalones de algodón rústico, mientras las mujeres usaban typoi remendados. El calzado era inexistente: los pies descalzos de Lázaro se curtían con espinas y tierra.

La vida en las chacras de los amos El trabajo agrícola era extenuante: maíz, mandioca, poroto y algodón se cultivaban bajo el sol, con el azadón como herramienta principal. El hambre obligaba a Lázaro a desenterrar mandioca a escondidas. Tras la cosecha, los esclavos cargaban bolsas pesadas o carretas llenas de productos, recorriendo largas distancias.

El contraste tras la libertad Al llegar a Emboscada después de la abolición, Lázaro conoció un nuevo escenario. Aunque el trabajo en las canteras de piedra era duro y dejaba manos sangrantes y huesos desgastados, la diferencia era radical: ya no trabajaba para alimentar el látigo de otro, sino para construir su propia autonomía. El fruto de ese esfuerzo —piedra tallada para trueque— le permitía acceder a harina de yuca, yerba mate y carne seca. La libertad, aunque humilde, era sagrada.

 

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