CIUDAD DEL ESTE (Ciencia y salud por Esteban Ross) El yodo es un mineral fundamental que el cuerpo necesita para producir las hormonas tiroideas, conocidas como T4 y T3. Estas hormonas son las encargadas de regular el metabolismo, la energía y muchas funciones vitales. Sin yodo, la tiroides no puede fabricar tiroxina, y el organismo empieza a sufrir consecuencias graves. Aunque se trata de un elemento muy pequeño, su ausencia genera un impacto enorme: cansancio, aumento de peso, problemas de crecimiento en los niños y alteraciones en el desarrollo del cerebro. El yodo es, en pocas palabras, el motor oculto que mantiene en marcha nuestro cuerpo.
Dentro de la glándula tiroides ocurre un proceso complejo pero vital. El yodo entra en las células tiroideas y se une a una proteína llamada tiroglobulina. Con la ayuda de enzimas, se forman las hormonas T4 y T3. La T4 es la principal que libera la tiroides, pero la T3 es la más activa y se produce en otros tejidos del cuerpo. Estas hormonas viajan por la sangre y llegan a cada célula, regulando cómo se usa la energía. Cuando el yodo falta, este mecanismo se rompe y el cuerpo no puede funcionar correctamente. Lo que parece un detalle químico se convierte en un problema de salud que afecta a todo el organismo.
La falta de yodo es una amenaza silenciosa que puede provocar enfermedades graves. En los niños, causa retraso en el crecimiento y problemas en el desarrollo intelectual. En los adultos, genera cansancio extremo, caída del cabello, piel seca y, en casos más graves, bocio y complicaciones que afectan el corazón y el sistema nervioso. Lo más preocupante es que estos problemas se pueden evitar con una dieta adecuada que incluya yodo, presente en alimentos como la sal yodada, pescados y lácteos. El yodo no es un lujo ni un detalle secundario: es la base de la salud y la energía. Sin él, la tiroides se apaga y el cuerpo se enferma.
