CIUDAD DEL ESTE (Ciencia y Salud por Charly Friendz) En nuestro país, es común ver a los niños con una bolsita de papitas fritas, un jugo en cartón o una gaseosa en la mano. Estos productos, conocidos como comida chatarra, se consumen todos los días en la escuela y en la casa, y aunque parecen inofensivos, son una amenaza seria para la salud. Los jugos artificiales que dicen estar fortificados con vitaminas y minerales en realidad contienen grandes cantidades de azúcar y colorantes que dañan el organismo. Las gaseosas, por su parte, son bombas de azúcar que alteran el metabolismo y favorecen la obesidad infantil. Lo más preocupante es que esta rutina se normaliza, y los chicos crecen creyendo que es comida, cuando en realidad es veneno lento.
Los snacks como papitas, cheetos o pipoca están llenos de grasas malas y sal en exceso. Estos productos generan hipertensión, problemas cardíacos y aumentan el riesgo de diabetes desde la infancia. Los panchos, que parecen una comida rápida y barata, en realidad son ultraprocesados con conservantes y aditivos que dañan el sistema digestivo y aportan muy poco valor nutritivo. Las galletitas dulces, tan comunes en las meriendas, no solo afectan los dientes con caries, sino que también acostumbran al cuerpo a depender del azúcar, generando adicción. Cada paquete que se abre es un paso más hacia una vida marcada por enfermedades crónicas.
La comida chatarra es un enemigo silencioso que se mete en la rutina diaria de los niños paraguayos. No se trata de un gusto ocasional, sino de un hábito que se repite todos los días y que está destruyendo la salud de una generación. La obesidad infantil, la diabetes temprana y los problemas cardíacos ya son una realidad en nuestro país, y gran parte de la culpa está en estos productos. Lo más grave es que los niños no tienen elección: lo que se les ofrece en la escuela y en la casa es lo que consumen. La responsabilidad está en los adultos, que deben entender que dar papitas, gaseosas y galletitas no es alimentar, es enfermar. La comida chatarra no es un lujo ni un capricho: es un peligro que está matando lentamente a nuestros chicos.
