
CIUDAD DEL ESTE (Realidades) Compartimos, de manera textual, la reflexión del reconocido sociólogo paraguayo Dr. Ramón Fogel, sobre el debate generado en torno al racismo, el eurocentrismo y la memoria histórica, tras la polémica entre Paraguay y Francia durante el Mundial 2026:
¿Con qué autoridad moral se viste Europa de juez? ¿Con qué ligereza se atreven las viejas potencias a señalar con el dedo, cuando sus propias vitrinas están construidas con el oro del saqueo y sus alfombras rojas ocultan los ríos de sangre de la historia? Nos hablan de racismo, de moral y de progreso. Pero la memoria no se borra con discursos diplomáticos.
La Sombra de la Hipocresía Occidental
Miran por encima del hombro mientras el peso de su pasado —y de su presente— los asfixia. Si de barbaries y aberraciones se trata, la historia de quienes hoy pretenden dar lecciones está plagada de sombras insostenibles:
El Neo-colonialismo Financiero: Mantienen el control de las economías africanas a través de mecanismos como el Franco CFA, guardando las reservas de otros pueblos en sus propios bancos centrales, obligándolos a pedir prestado, de rodillas, su propio dinero. Un sistema de sumisión económica que perpetúa la dependencia.
La Inquisición y la Persecución: Cunas de la intolerancia donde la disidencia se pagaba en la hoguera, utilizando la fe como excusa para masacrar, torturar y borrar la dignidad humana durante siglos.
El Terror de la Noche de San Bartolomé: Capítulos sangrientos de su propia historia donde el odio interno provocó la matanza de decenas de miles de sus propios ciudadanos por motivos religiosos, tiñendo los ríos de rojo.
El Horror del Zoológico Humano: No hace tanto tiempo, en pleno siglo XX, exhibían a seres humanos de tierras colonizadas en jaulas para el entretenimiento de las élites de París. ¿Es esa la civilización que pretende juzgar?
Mientras ellos construían imperios a costa del dolor ajeno, en el corazón de Sudamérica un pueblo entero fue condenado a la extinción. Tres naciones aliadas se unieron en una guerra asimétrica y despiadada con un solo objetivo: borrar a Paraguay del mapa.
Fue un intento de exterminio sistemático que se cobró la vida de más del 70% de la población. No hubo piedad. No respetaron códigos, ni leyes, ni la inocencia. Masacraron a mujeres que defendieron la tierra con las uñas y obligaron a niños —con barbas pintadas con carbón para parecer soldados— a sostener fusiles en Acosta Ñu antes de ser masacrados.
Cualquier otra nación del planeta se habría convertido en un desierto de cenizas y olvido. Pero Paraguay no se arrodilló.
«Aquel pueblo que quisieron borrar de la tierra, resurgió de las entrañas de sus madres y de la sangre de sus héroes. No solo sobrevivieron: florecieron».
Hoy, el mundo entero viaja y regresa con la misma certeza absoluta: no hay suelo en el planeta donde vibre una humanidad más pura. Aquel país que intentaron ahogar en sangre es hoy el hogar de la gente más cálida, hospitalaria y generosa de la Tierra.
Mientras otros arrastran la frialdad de su culpa histórica y la soberbia de sus riquezas mal habidas, Paraguay camina con la frente en alto. Porque la mayor venganza de Paraguay contra la crueldad de la historia no fue el odio, sino su capacidad de seguir sonriendo, de abrazar al extranjero con el corazón abierto y de demostrar que el amor de un pueblo es infinitamente más fuerte que las armas de tres imperios.
¡Que se laven la boca antes de hablar de un gigante! Euporeos Antirracistas..?