CIUDAD DEL ESTE (Nacionales por Esteban Ross) A pocos días de cumplirse un nuevo aniversario de aquella imborrable página de nuestra historia patria, el eco de la resistencia vuelve a latir con fuerza en la memoria colectiva al recordar la heroica Batalla de Piribebuy, librada el 12 de agosto de 1869 en el marco de la cruenta Guerra contra la Triple Alianza. En este rincón sagrado que supo ser la tercera capital de la República, un puñado de valientes defensores plantó cara a un ejército invasor ampliamente superior en número y armamentos. Pero si algo distingue y engrandece esta gesta histórica es la participación inquebrantable de las recordadas Heroínas de Piribebuy, mujeres de coraje sin igual que no dudaron en dejar de lado el miedo para asistir a los heridos, cargar los cañones con restos de cerámica, piedras y botellas rotas, y enfrentar cuerpo a cuerpo al invasor utilizando agua hirviendo, tacuaras afiladas y un valor que desafió a la propia muerte.
Mientras se preparan los actos para honrar a los caídos y el histórico hospital de sangre recordado por haber sido consumido por las llamas, la ciudadanía reflexiona sobre la magnitud de aquel sacrificio dantesco. Recordar a estas mujeres aguerridas a pocos días de la fecha central no es solo cumplir con un calendario cívico, sino rescatar del olvido la verdadera esencia de nuestra identidad. Hoy, a más de un siglo y medio de aquella epopeya, el nombre de Piribebuy resuena con orgullo y dolor, recordándonos que la soberanía se cimentó con la sangre de quienes entregaron todo por la patria.
Por eso, a la hora de mirar hacia atrás y exigir memoria, hay que decirlo sin rodeos y de forma cruda: Brasil nos debe entregar de una buena vez los trofeos de guerra que nos fueron arrebatados junto a los informes de la época, y dejarse de hacer de los desmemoriados.
