CIUDAD DEL ESTE (Reflexión por Esteban Ross) A veces pasa que a una persona no le gustás de verdad, pero igual decide mantenerte cerca. No hay atracción ni ganas de estar con vos, pero te escribe cuando se siente sola, te llama cuando no tiene con quién hablar o te busca para que le pagues una cena. En realidad no te quiere a vos, lo que quiere es la atención que le das para sentirse bien consigo misma y alimentar su ego. Mientras vos pensás que estás logrando algo y que con el tiempo la situación va a cambiar, del otro lado ya saben perfectamente que nunca va a haber ningún sentimiento real.
Estar en esa posición significa que te están sacando todo sin darte nada. Te consumen el tiempo, la energía, la tranquilidad y también la plata, todo a cambio de una falsa esperanza. Es un juego donde creés que hay una conexión especial, pero en realidad es un manejo calculado para aprovecharse de tu disposición. Y lo más injusto es que, mientras vos hacés todo el esfuerzo, escuchás sus dramas y pagás las cuentas, con otras personas esa misma persona no exige absolutamente nada para entregar su cariño y su afecto.
Ese contraste demuestra que nunca te vio como una pareja potencial, sino simplemente como una herramienta útil. No sirve de nada quedarse esperando que un día se dé cuenta de tu valor o que empiece a quererte por todo lo que hacés. Las personas que usan a los demás para inflar su propia autoestima raramente cambian, porque desde el primer momento te pusieron en el lugar del que da sin recibir. Cuando el recurso se termina o ya no le servís, simplemente te reemplazan por alguien más.
La única salida sana es abrir los ojos y dejar de financiar una historia donde siempre salís perdiendo. No vale la pena gastar energía intentando conquistar a alguien que ya decidió no darte el lugar que merecés. Dar un paso al costado, dejar de pagar la fiesta y valorar tu propio tiempo es la mejor decisión que podés tomar. Al final del día, es mejor estar solo que quedarse al lado de alguien que solo te busca cuando le conviene.

