LAS PUERTAS DEL AGUA: CÓMO TE HIDRATAS POR DENTRO

CIUDAD DEL ESTE (Curiosidades por Esteban Ross) Seguramente has escuchado que somos «un 70% agua». Con esa lógica, beber agua sola debería ser suficiente para hidratarnos.  Sin embargo, el agua no entra a tus células simplemente porque sí; existe una maquinaria microscópica fascinante que controla este proceso, y si no funciona bien, el líquido pasa de largo hacia tus riñones.

En la pared de cada una de tus células existen unos túneles diminutos llamados acuaporinas. Imagínalas como puertas giratorias por donde debe pasar el agua. El problema es que estas puertas tienen «cerraduras» que solo se abren cuando hay presencia de un estímulo eléctrico.

Ese estímulo lo proporcionan los minerales, como el sodio, el potasio y el magnesio. Cuando bebes agua purificada sin minerales, el líquido rodea a la célula, pero no tiene la «llave» para abrir las acuaporinas y entrar.

Este es el motivo por el que a veces bebemos muchísima agua simple y seguimos teniendo los labios secos o sintiendo sed.

El hábito práctico para solucionar esta física celular es muy fácil: si tomas agua muy purificada (de filtro de ósmosis o de botella), agrégale una pizca pequeñísima de sal marina o sal del Himalaya, o unas gotas de limón. No necesitas que sepa a suero, solo devolverle al agua la chispa eléctrica que la naturaleza ya le había dado.

 

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