CIUDAD DEL ESTE (Reflexión filosófica por Esteban Ross) A lo largo de la historia, la sociedad ha idealizado el amor hasta convertirlo en una justificación absoluta, perdonando y romantizando las mayores locuras, humillaciones y atrocidades que cometemos en su nombre. Hemos construido una cultura que nos enseña a perder la dignidad, a tolerar el control, a anular nuestra propia identidad y a tolerar el sufrimiento con tal de no estar solos, convencidos erróneamente de que sacrificarse por otro es la máxima virtud. Sin embargo, estamos profundamente equivocados al llamar «amor» a lo que en realidad es dependencia, posesión y un miedo voraz a enfrentarnos a nuestro propio vacío. Frente a esta ceguera colectiva, la perspectiva de Friedrich Nietzsche irrumpe como un golpe de realidad directo y contundente!!
Nietzsche habló del amor con desprecio, no con odio, sino con desprecio. Para él, el amor era una ilusión y una forma de autoengaño para evitar enfrentarse a la realidad cruda de la existencia. Decía que el amor te hace débil, vulnerable y dependiente de otra persona para ser feliz, lo cual consideraba una forma de esclavitud y una cadena que te impide ser libre, distrayéndote de lo único que importa: tú mismo.
Para el filósofo, el amor era para los débiles y los cobardes que tienen miedo de enfrentarse a la vida en solitario. El que no soporta su propia compañía, su silencio o su propio vacío, busca llenar ese espacio con la voz y el afecto de alguien más. Sin embargo, eso no es amor, sino dependencia y miedo disfrazado de romance. El que no puede estar solo no puede ser libre, y sin libertad no se puede alcanzar la grandeza.
Nietzsche no negaba la existencia del amor, pero negaba que valiera la pena, viéndolo como una pérdida de tiempo y energía. Sostenía que la autoafirmación, el desarrollo personal y la autonomía son superiores a la pareja y a la compañía. Consideraba que la persona que se tiene a sí misma no necesita a nadie, y quien no necesita a nadie es verdaderamente libre.
El amor representaba una esclavitud emocional donde el que ama cede, se somete y pierde poder, libertad e individualidad para disolverse en el otro. Para Nietzsche esto era una tragedia, ya que la vida consiste en afirmarse a uno mismo y no en disolverse o depender. Afirmaba que no hay amor más sincero que el amor propio, pues este fortalece, libera y vuelve autónoma a la persona. Quien está entero y se basta a sí mismo no busca en el exterior lo que ya posee en su interior.
