CIUDAD DEL ESTE (Politiquería por Carlos Roa) La reciente y vertiginosa crisis en la cúpula del movimiento Honor Colorado desató un auténtico terremoto político que sacude hasta los cimientos del propio oficialismo, evidenciando que las costuras del poder partidario están más frágiles que nunca. Por un lado, se vive un tenso y enrarecido escenario salpicado por los graves informes filtrados y los duros cuestionamientos en torno a las operaciones financieras de Ueno Bank, una delicada coyuntura que provocó profundas fricciones y que varios operadores intentan maquillar desesperadamente para desviar la atención de la ciudadanía. Por el otro, el conflicto escaló a un nivel completamente irreversible cuando la conducción central le comunicó sin rodeos al vicepresidente Pedro Alliana que ha perdido su lugar en la carrera presidencial hacia el 2028, optando en su reemplazo por Juan Carlos Baruja en una jugada que fractura definitivamente la armonía interna. Este brusco movimiento expone las miserias de un sistema donde los favores políticos se cobran y se descartan al ritmo de los caprichos de la cúpula, dejando al descubierto que la lealtad de aparato no garantiza supervivencia frente a las ambiciones desmedidas de quienes manejan los hilos desde las sombras.
Esta jugada fracturó al bloque oficialista, dejando al presidente Santiago Peña y a Alliana resistiendo los embates de la cúpula cartista. Mientras los gobernadores y un importante sector de legisladores salieron a respaldar al vicepresidente —quien ratificó que no bajará su candidatura y podría competir fuera del movimiento—, la tensión no deja de incrementarse con la intervención de figuras impresentables como Bachi Núñez, criticado y señalado por su prepotencia, sus oscuros antecedentes normativos y su constante rol de operador al servicio de los caprichos del cartismo, sumando más descrédito a un sector ya bastante golpeado por sus propios excesos de poder. Asimismo, legisladores como Silvio «Beto» Ovelar salieron a ventilar las internas del comando. En medio de estas revelaciones, Ovelar admitió que intentó interceder sin éxito para frenar la expulsión de Kattya González y la intervención de Ciudad del Este, además de haberse opuesto a la candidatura de Camilo Pérez. Asimismo, señaló que aunque Horacio Cartes sabe escuchar y permite el debate abierto, cuando toma una posición y decide algo, no cambia de parecer, reconociendo que quizás ya no tenga la posibilidad de seguir integrando el comando en el futuro.
Ante este panorama de disputas de poder, repartijas y traiciones donde se muerde la mano de quien los puso en altos cargos, el descontento ciudadano no se hace esperar. Como bien se comenta en las calles, según vox populi, el lugar de todos estos impresentables es el vertedero y punto.
