FOZ DE IGUAZÚ (Política internacional por Carlos Roa) En la mañana del pasado domingo 18 de octubre, el corazón de Foz de Iguazú volvió a convertirse en el termómetro político del occidente paranaense. Una concurrida concentración de simpatizantes del bolsonarismo se adueñó de la emblemática Praça do Mitre, tiñendo el centro de la ciudad fronteriza con el verde y amarillo de la bandera brasilera. Entre consignas en favor de la causa del Partido Liberal (PL), caravanas y un ambiente de marcado fervor patriótico, la marcha transcurrió sin incidentes violentos pero con un evidente tono de protesta, donde las proclamas por la familia tradicional, la fe y la libertad de mercado se entrelazaron con duras críticas hacia las decisiones del Supremo Tribunal Federal y el actual Gobierno federal.
Más allá del despliegue de banderas y cánticos en la calle, esta movilización en la Triple Frontera saca a la luz la profunda grieta social e ideológica que atraviesa a Brasil, donde dos corrientes políticas encarnan visiones irreconciliables de país. Por un lado, el bolsonarismo condensa un proyecto articulado sobre el libre mercado, la desregulación económica, el protagonismo del sector agroindustrial y un marcado conservadurismo cultural bajo el lema «Dios, Patria, Familia y Libertad». Sus seguidores rechazan la intervención del Estado en la vida privada y la economía, promueven una agenda de mano dura en seguridad y mantienen una postura de constante confrontación frente a las instituciones tradicionales del Poder Judicial y los grandes medios.
En la vereda opuesta, el lulismo —representado por el Partido de los Trabajadores (PT)— postula un modelo fundamentado en el rol activo del Estado como motor del desarrollo y garante de la justicia social redistributiva. Para sus filas, la prioridad pasa por el fortalecimiento de los programas de asistencia pública, la inversión estatal en infraestructura, la defensa del medio ambiente y los derechos de las minorías. En el plano institucional, esta corriente apadrina el diálogo interpartidario y la reconstrucción del pacto democrático tradicional, abogando por un multilateralismo que promueva la integración regional en América del Sur.
La manifestación vivida en Foz de Iguazú no fue, por tanto, un simple acto proselitista de fin de semana, sino una puesta en escena de la batalla cultural e institucional que define el destino de la región. En esta franja fronteriza, donde la dinámica económica del comercio internacional convive día a día con el pulso de la política continental, la contienda entre el individualismo conservador de la derecha y el modelo de bienestar social de la izquierda demuestra que la fractura brasileña sigue más viva que nunca, disputándose milímetro a milímetro en el espacio público.

