INTERNACIONAL (Política por Carlos Roa) Quiérase o no, nos guste o no, la realidad es que vivimos pegados al Brasil por lo que el resultado de las elecciones de nuestro vecino nos afecta de forma directa y nos mantiene con la mirada fija en su desenlace. No se trata solo de lo que ocurre en el patio ajeno, sino de la inmensa migración que vivimos en los últimos tiempos donde cientos de brasileños buscan venir a nuestro país ya sea para estudiar, para invertir o sencillamente para inciiar de nuevo una vida con mejores oportunidades donde crecer y progresar solo depende del propio esfuerzo, Paraguay se convirtió en la tierra soñada de los brasileños que reclaman en su país de impuestos absurdos, burocracia entre los principales factores que los impulsan a mudarse al edén guaraní. El fin de semana las elecciones presidenciales en Brasil sufrió maniobras que invitan a reflexionar sobre la transparencia de la ejecución y el futuro de nuestros vecinos y el nuestro propio una vez que se oficialicen los resultados que hasta el momento indican Luiz Inácio Lula da Silva terminó imponiéndose el domingo con un 51,78% de los votos frente al 48,22% de su opositor, una diferencia ajustada que deja ver un país dividido a la mitad. Sin embargo, lo que verdaderamente nos llama la atención y nos llena de desconfianza acá no es solo la diferencia numérica, sino el desorden y las maniobras raras que mancharon la jornada de cierre en los locales de votación.
El gran escándalo estalló cuando, faltando minutos para el cierre oficial de las 17:00, se dictó una orden judicial para extender dos horas más la votación en varios puntos. La medida fue impulsada por el magistrado Cristiano Zanin —recordado por haber sido abogado personal de Lula— bajo el argumento de solucionar problemas de transporte público. Esto provocó un lío bárbaro: mientras muchos colegios electorales afines a la oposición cerraron sus puertas a tiempo y bloquearon sus urnas electrónicas, en otras zonas con fuerte voto oficialista se siguió recibiendo gente hasta pasadas las 19:00. Hasta el propio presidente del Tribunal Superior Electoral admitió que nunca en la historia de Brasil se había tomado una decisión de esa clase sobre la hora, lo que despertó duras críticas, denuncias de favoritismo e incluso comparaciones preocupantes con los vicios institucionales y autoritarios que terminaron destruyendo a países como Venezuela.
Esta jugada dejó un clima de enorme desconfianza donde la propia Argentina y varios sectores de la región todavía prefieren no validar la victoria a las apuradas, esperando que la justicia brasileña revise los reclamos de anulación presentados por la oposición. Al mirar todo este escenario desde Paraguay, valoramos todavía más la tranquilidad de nuestro país; acá nuestras elecciones son muchísimo más reales, transparentes y predecibles, sin sorpresas judiciales a última hora ni dudas sobre el conteo de votos.
Para nosotros en Paraguay, el rumbo que tome Brasil es crucial tanto para la economía como para nuestra soberanía. Por un lado, todo indica que este resultado impulsará a muchos empresarios e inversionistas brasileños a cruzar la frontera para mudar sus capitales y empresas a suelo paraguayo, buscando la previsibilidad tributaria que allá están perdiendo. Por otro lado, enfrentamos el reto de mantener una postura firme en la renegociación del Anexo C de Itaipú, usando nuestro excedente de energía para industrializar nuestro territorio y generar empleo local, mientras monitoreamos de cerca los flujos migratorios para aprovechar esta coyuntura sin perder el control de nuestra seguridad.
