EL LUCRATIVO CIRCO DE LEGISLAR SIN SABER NADA

“POLITIQUERÍA”: LA PROFESIÓN MÁS RENTABLE DEL PAÍS CUANDO LA IGNORANCIA SE PAGA CON LA PLATA DEL PUEBLO

 

NACIONALES (Politiquería, por Carlos Roa) Hoy en día, si querés hacer plata fácil sin quemarte las pestañas estudiando una carrera universitaria, olvidate de la empresa privada. Anotate en la política. Convertirse en «representante del pueblo» es la profesión más rentable del mercado actual, y el único requisito excluyente es demostrar una total y absoluta falta de preparación. Total, para levantar la mano y aprobar feriados inservibles o bautizar el «Día Nacional del Chipá», no hace falta haber pisado una facultad. Pero claro, si el flamante legislador no caza una sola idea de leyes, economía o gestión, nos quieren vender el cuento de que necesitan un ejército de quince asesores, tres secretarios, un cebador oficial de tereré y hasta un psicólogo para no deprimirse. Es como contratar a un cirujano que te avisa antes de operar que no tiene idea de cómo usar el bisturí, pero que «tranquilo, trajo a cinco amigos para que le dicten un tutorial de YouTube». La gran diferencia es que ese ejército de parásitos lo mantenemos nosotros con nuestros impuestos.

Aquí es donde entra a la perfección la vieja escuela de Maquiavelo: la brillante estrategia de mantener al pueblo pasando hambre y necesidades durante años, para que, cuando se acerquen las urnas, aparezca la magia de la beneficencia política. Antes te conformaban con un plato de pan con picadillo o un pancho de seccional; hoy en día, con la inflación y la exigencia de la clientela, ya te arman un buen asado de fin de semana con tal de comprarte la conciencia.

Caso Senadora Zenaida y funcioanrias.

Y con los servicios públicos pasa exactamente lo mismo. Vivís todo el año rebotando en hospitales públicos que se caen a pedazos, sin una sola aspirina, aguantando caminos de tierra y un transporte que es una vergüenza. Pero ¡milagro electoral!: a pocos meses de votar, mágicamente aparecen los remedios, los médicos atienden con una sonrisa y de la nada te tiran un empedrado o un asfaltado express. Te usan cuando les conviene y te tiran migajas.

La triste verdad es que la mayor desgracia de este país no son solo ellos, sino nuestra propia ignorancia al momento de meter la papeleta en la urna. Nos quejamos de los «dipuchorros», de los «senarratas» y de personajes de la farándula política como Zenaida y compañía, que transformaron sus oficinas en agencias de empleos para sus parientes y operadores políticos. Pero seguimos votando a los mismos.

Hagamos una matemática básica que hasta a un político le entre en la cabeza: cada Cámara no debería tener más de 50 empleados en total, y cada legislador debería arreglarse con un solo asistente. Si no les da la cabeza para redactar una minuta solos, que paguen de su bolsillo el exceso de asesores.

Mientras el ciudadano de a pie hace milagros para llegar a fin de mes, aguantando la miseria que nos imponen, esta manga de irresponsables sigue repartiendo cargos públicos como si fueran golosinas. Ya es hora de sacudirnos la modorra. Menos show, menos negociados y un poquito más de dignidad. O nos ponemos los pantalones de una vez por todas, o seguiremos siendo cómplices de nuestra propia desgracia.

Nepo Babys

 

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