CIUDAD DEL ESTE (Tendencia, por Esteban Ross) La adolescencia es un territorio complejo. Es el momento en que el cuerpo cambia, la mente se expande y las emociones se intensifican. Los jóvenes que vuelven a clases no solo enfrentan materias y exámenes, sino también la presión de encajar, de ser aceptados, de construir una identidad en medio de un mundo que muchas veces les exige más de lo que pueden dar.
En las aulas se cruzan realidades duras: el bullying que hiere silenciosamente, las burlas que parecen pequeñas pero dejan cicatrices profundas, la soledad de quienes no encuentran un grupo donde sentirse parte. También está la curiosidad que puede llevar al consumo de drogas, la falta de información que desemboca en embarazos adolescentes, y el silencio que rodea los problemas de salud mental. Son temas incómodos, pero reales, que no desaparecen por ignorarlos.
El inicio de clases debería ser un momento para abrir espacios de diálogo. Los adolescentes necesitan ser escuchados, necesitan sentir que sus emociones importan. No basta con exigirles buenas notas o disciplina; necesitan acompañamiento emocional, alguien que les diga que está bien sentirse confundidos, que los cambios en el cuerpo son naturales, que la presión social no define su valor.
La familia juega un rol fundamental, pero también la escuela y la comunidad. Los docentes que se convierten en referentes, los amigos que sostienen, los programas que informan y previenen. Cada gesto de apoyo puede marcar la diferencia entre un adolescente que se siente perdido y uno que encuentra un camino.
Hablar de drogas, de embarazo adolescente, de bullying, de depresión, no debería ser un tabú. Son parte de la realidad que muchos jóvenes enfrentan en silencio. Y el inicio de clases es una oportunidad para recordar que la educación no es solo matemática y literatura, sino también formación humana, acompañamiento emocional y construcción de valores.
Los adolescentes no necesitan únicamente mochilas llenas de útiles; necesitan mochilas llenas de confianza, de escucha, de apoyo. Porque el verdadero aprendizaje no ocurre solo en los libros, sino en la certeza de que no están solos en este camino.
