CIUDAD DEL ESTE (Curiosidades por Carlos Roa) Manejar con el tanque casi vacío parece algo sin importancia, pero en realidad es un hábito que puede traer consecuencias serias para tu auto. Mucha gente piensa que mientras el motor siga encendido no pasa nada, pero lo cierto es que el sistema de combustible sufre cada vez que circulás con poca gasolina.
La bomba de combustible, que es la encargada de enviar la gasolina hacia el motor, se enfría y se lubrica con el mismo líquido que transporta. Cuando el nivel está muy bajo, esa bomba queda con menos gasolina alrededor, se recalienta y empieza a desgastarse antes de tiempo. Es como si un ventilador trabajara sin aire: sigue funcionando, pero se fatiga más rápido.
Además, en el fondo del tanque siempre se acumulan pequeñas impurezas y sedimentos. Cuando el nivel está alto, esos restos quedan abajo y no molestan. Pero si andás en reserva, la bomba los succiona con más facilidad. Eso puede tapar el filtro y, peor aún, dañar los inyectores, que son piezas delicadas y costosas.
Otro efecto que se nota es la presión irregular en el sistema. El motor puede perder fuerza, dar tirones o incluso apagarse de manera intermitente porque no recibe un flujo estable de gasolina. Esa inestabilidad no solo incomoda al manejar, también va desgastando otras partes del motor.
Con el tiempo, todo esto se traduce en reparaciones caras y en un auto menos confiable. Lo que parece un ahorro momentáneo —no cargar combustible hasta que sea estrictamente necesario— termina siendo un gasto mayor en mantenimiento.
