CIUDAD DEL ESTE (Salud, por Esteban Ross) Pasar largas horas sentado no solo impacta en la energía y el estado de ánimo: también compromete la salud vascular. La falta de movimiento interrumpe el retorno venoso, favorece la retención de líquidos y acelera la inflamación de las piernas, un problema que puede aparecer incluso en personas jóvenes.
El sedentarismo prolongado tiene un efecto directo sobre la circulación sanguínea, especialmente en las piernas, donde la sangre debe vencer la gravedad para regresar al corazón. Cuando permanecemos demasiado tiempo sin movernos, los músculos de las pantorrillas —conocidos como la “bomba muscular”— dejan de contraerse con regularidad. Esta inactividad reduce el retorno venoso y provoca que la sangre se acumule en las venas, aumentando la presión dentro de los vasos y favoreciendo la salida de líquido hacia los tejidos. El resultado es una sensación de pesadez, hormigueo e hinchazón progresiva, síntomas que pueden aparecer incluso en personas jóvenes tras periodos prolongados de inactividad.
La inflamación de las piernas también está vinculada a cambios en los vasos sanguíneos. La falta de movimiento disminuye la elasticidad venosa y altera la función de las válvulas que evitan el retroceso de la sangre, lo que favorece la aparición temprana de insuficiencia venosa. A esto se suma la reducción de la circulación linfática, encargada de drenar líquidos y toxinas, intensificando la retención de líquidos. Con el tiempo, este proceso puede agravar la formación de várices, aumentar el riesgo de trombos y generar una sensación constante de cansancio o presión en las piernas. Incluso quienes no presentan enfermedades previas pueden desarrollar estos síntomas cuando la inactividad se convierte en rutina.
Cuando la inflamación se vuelve persistente o aparecen molestias como calambres, dolor al final del día o cambios en el color de la piel, es fundamental evaluar la salud vascular. El tratamiento inmediato busca mejorar el retorno venoso mediante la activación gradual de la musculatura de las piernas. Caminar algunos minutos, realizar movimientos de flexión y extensión del tobillo o elevar las piernas puede reducir la presión venosa y aliviar la hinchazón. En casos más avanzados, los especialistas pueden recomendar medias de compresión, estudios vasculares para evaluar el estado de las venas y, si existe sospecha de insuficiencia venosa o riesgo de trombosis, el uso de medicamentos específicos para mejorar el flujo sanguíneo.
La prevención es clave: romper los periodos largos de inactividad a lo largo del día, levantarse cada hora, caminar unos minutos, realizar estiramientos o activar los músculos de las pantorrillas ayuda a mantener la circulación en niveles normales. Mantener un peso saludable, reducir el consumo excesivo de sal, hidratarse adecuadamente y practicar actividad física regular también favorece el retorno venoso y previene la hinchazón. Dormir con las piernas ligeramente elevadas, evitar cruzarlas por tiempos prolongados y limitar el uso de ropa demasiado ajustada contribuye a un mejor drenaje venoso.
El sedentarismo no solo limita la energía o el ánimo: afecta directamente la salud vascular y acelera la inflamación de las piernas. Comprender este proceso permite tomar medidas a tiempo para proteger la circulación y evitar complicaciones que avanzan silenciosamente cuando el cuerpo permanece demasiado tiempo sin moverse.
