CAAZAPÁ (policiales) Dolores Sosa, una mujer de 69 años oriunda de la Colonia Boquerón en Caazapá, desapareció el jueves pasado luego de anunciar que viajaría a Brasil para encontrarse con un supuesto novio que conoció por Facebook. En los días previos, comenzó a vender sus pertenencias —incluidas sus gallinas, electrodomésticos y hasta muebles— con el objetivo de reunir dinero para el viaje. Su familia, especialmente sus hermanas, notó cambios en su comportamiento y trató de intervenir, pero Dolores insistía en que estaba enamorada y que quería comenzar una nueva vida.
La última comunicación fue un audio enviado a una sobrina, donde avisaba que ya estaba camino a la frontera. Desde entonces, su casa quedó cerrada, su celular apagado y no se ha tenido más noticias de ella. La denuncia fue presentada en la comisaría 11 de la zona, y las autoridades iniciaron la búsqueda, aunque aún no se ha confirmado si se trata de una desaparición voluntaria o si Dolores podría estar en peligro.
Su hermana Ana, de 73 años, teme que se trate de un engaño. No sería la primera vez: años atrás, Dolores fue víctima de un hombre que conoció por redes sociales y que terminó perjudicándola económicamente. También cayó en manos de una supuesta “payesera” que la convenció de que sus bienes estaban malditos, logrando que le entregara terrenos y ganado. Según Ana, Dolores antes tenía una buena situación económica, pero fue perdiendo todo por confiar en personas que la manipularon.
Sin embargo, otra versión surgió en la investigación. La fiscal Laury Vázquez reveló que un familiar sugirió que Dolores podría haber inventado la historia del novio brasileño para escapar de un entorno familiar que considera controlador. Al parecer, estaría buscando independencia y habría viajado a Ciudad del Este para trabajar, lejos de las constantes intervenciones de sus hermanas.
Mientras tanto, la familia pide ayuda a la ciudadanía: cualquier información sobre el paradero de Dolores Sosa puede ser clave para dar tranquilidad a sus seres queridos. Las autoridades esperan que ella se comunique para confirmar que está bien y, si se trata de una decisión personal, levantar la orden de búsqueda.
Este caso revela una verdad incómoda pero urgente: los adultos mayores, al igual que los niños, pueden ser profundamente vulnerables frente a los engaños en internet. La soledad, el deseo de afecto y la falta de herramientas digitales los convierten en blancos fáciles para estafadores. Por eso, es fundamental que como sociedad reforcemos el acompañamiento, la educación digital y el respeto por su autonomía, sin dejar de protegerlos de los riesgos invisibles que muchas veces no saben identificar. Porque en el mundo virtual, la inocencia no tiene edad.
