CIUDAD DEL ESTE (Tendencia, por Carlos Roa) El clásico conocido como jurune es ese tic estomacal que aparece muchas veces por lo que comemos. Una comida muy condimentada con ajo, pimienta y otras yerbas puede generar en la barriga un hálito pesado. En épocas pasadas, tanto hombres como mujeres cuidaban mucho de ese detalle, porque conocer a una chica, tomarle la manito, tocarle la piernita y darle el primer beso era casi un acto de valentía. Si alguno estaba con jurune, ya no había un segundo encuentro.
La solución era sencilla: cepillarse la boca todo el día y, después de cada comida, salir con la platita a comprar las clásicas pastillas Billiken de sabor menta, que al menos disimulaban el mal aliento. Hoy, en lugar de aquellas pastillas, tenemos los Halls, los Menthos y los enjuagues bucales, que antes no existían. Pero más allá de los remedios caseros o modernos, vale la pena entender por qué aparece este problema.
Hablar de mal aliento puede dar vergüenza, pero es más común de lo que pensamos y, en la mayoría de los casos, tiene solución. La causa más frecuente es la mala higiene bucal: cuando no nos cepillamos bien los dientes ni usamos hilo dental, se acumulan restos de comida y bacterias que liberan compuestos de olor desagradable. También influye la lengua, que si no se limpia puede acumular una capa blanquecina llamada saburra, fuente habitual de mal olor.
Las enfermedades de las encías, como gingivitis o periodontitis, también provocan halitosis, al igual que la boca seca, porque la saliva es clave para mantener la boca limpia y controlar las bacterias. Infecciones en la boca, nariz o garganta, como sinusitis o amigdalitis, pueden ser otro origen del problema. Y, por supuesto, los alimentos y el tabaco: ajo, cebolla, café, alcohol y cigarrillo son clásicos desencadenantes que dejan huella por horas.
En algunos casos menos comunes, el mal aliento puede estar relacionado con enfermedades más serias como diabetes mal controlada, problemas hepáticos o renales, o trastornos digestivos. Por eso, si el mal olor es persistente y no mejora con buena higiene, lo recomendable es consultar al médico o al odontólogo.
La receta básica para prevenirlo sigue siendo la misma: cepillarse los dientes al menos dos veces al día, usar hilo dental, limpiar la lengua suavemente, tomar suficiente agua, evitar el tabaco y moderar los alimentos de olor fuerte. Y, claro, acudir al dentista regularmente.
El jurune de antaño, que se combatía con Billiken de menta, hoy tiene soluciones más modernas, pero la esencia es la misma: cuidar la boca es cuidar también nuestras relaciones y nuestra salud.
