CIUDAD DEL ESTE (Tendencia, por Charly Friendz) El hombre infiel suele pensar que está en ventaja. Cree que tener a una mujer en casa y otra en secreto lo convierte en alguien deseado, importante, como si fuera un premio. Se engaña creyendo que gana, cuando en realidad está perdiendo lo más valioso.
Porque mientras se entretiene con una aventura pasajera, está destruyendo la confianza de la única mujer que lo conocía en profundidad, la que lo apoyaba en silencio, la que estaba presente en los momentos difíciles, la que lo cuidaba sin pedir nada a cambio. Esa mujer no era reemplazable, era única.
Una aventura puede parecer emocionante, pero es superficial. Lo verdaderamente difícil de encontrar es una mujer que ame de verdad, que cuide, que valore y que esté dispuesta a construir un futuro juntos. Y cuando un hombre la pierde por ser infiel, no pierde a dos mujeres: pierde a la única que realmente valía la pena.
La infidelidad no es una victoria, es un fracaso. No es sumar, es restar. No es tener más, es quedarse sin nada. Porque la aventura se acaba, pero la herida que deja en quien sí lo amaba permanece. Y cuando ella se va, no se lleva solo su presencia: se lleva la confianza, el respeto y el amor que él nunca supo valorar.
