EL SEDENTARISMO Y SUS DERIVADOS

CIUDAD DEL ESTE (Salud, por Carlos Roa)  La realidad de hoy en día de lo que aqueja a los seres humanos en este planeta. Existen varios tipos de dolencias, el cáncer, la diabetes, la trombosis y otras patologías  que hacen que el ser humano tenga que perambular por los hospitales, farmacias y otros centros asistenciales. Ahora vamos a hablar del sedentarismo y cuales son las causantes de este mal que realmente tenemos que enfrentar y tenemos que combatir.

El sedentarismo es uno de los hábitos más dañinos para la salud circulatoria. Cuando el cuerpo pasa largas horas sin moverse —ya sea sentado frente al computador, en un escritorio, manejando o usando el celular— los músculos dejan de contraerse y la circulación sanguínea se vuelve más lenta. La sangre depende del movimiento muscular para fluir correctamente, especialmente en las piernas, donde las venas necesitan la ayuda de la llamada “bomba muscular” para impulsar la sangre de regreso al corazón. Cuando esta bomba no funciona por falta de movimiento, la sangre se estanca, pierde velocidad y aumenta el riesgo de formar coágulos peligrosos.

El estancamiento sanguíneo favorece la aparición de trombosis venosa profunda (TVP), una condición donde se forman coágulos en las venas profundas de las piernas. Estos coágulos pueden bloquear el flujo de sangre, causar hinchazón, dolor y, en casos graves, desprenderse y viajar hacia los pulmones, provocando una embolia pulmonar, una emergencia médica potencialmente mortal. Incluso en personas jóvenes, permanecer sentado por más de seis horas al día aumenta significativamente el riesgo de problemas circulatorios. La sangre necesita movimiento constante para mantenerse fluida y oxigenada; sin él, las venas se vuelven menos eficientes y las paredes vasculares pierden elasticidad.

Además, la circulación lenta reduce el suministro de oxígeno a los tejidos, afectando el metabolismo celular y favoreciendo la inflamación crónica. La falta de movimiento también disminuye la eficacia del sistema linfático, encargado de eliminar toxinas y desechos celulares, lo que puede producir retención de líquidos, pesadez en las piernas y menor capacidad inmunológica. A nivel cardiovascular, el sedentarismo aumenta la presión arterial, favorece la acumulación de grasa abdominal y deteriora la salud del endotelio, la capa interna de los vasos sanguíneos que regula la coagulación, la presión y el flujo sanguíneo.

Combatir los efectos del sedentarismo no requiere grandes esfuerzos: levantarse cada 45 minutos, caminar unos pocos minutos, mover los tobillos, estirar las piernas o realizar respiraciones profundas ayuda a reactivar la circulación. Incorporar actividad física diaria, como caminatas, subir escaleras o ejercicios de fuerza, fortalece los músculos que impulsan la sangre y protege al sistema vascular. La clave es recordar que el cuerpo está diseñado para moverse: cuando no lo hace, la sangre se vuelve lenta y la salud se ve comprometida. Mantenerse activo es una de las mejores formas de prevenir coágulos y proteger la vida.

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