CIUDAD DEL ESTE (Tendencia, por el Tío Talo) El dilema de la rigidez suele discutirse entre hombres en rondas de tragos, como si se tratara de una competencia por ver quién tiene mayor firmeza, tamaño o duración. Sin embargo, detrás de esa percepción existe un mecanismo mucho más complejo, que no depende del deseo en sí, sino de procesos químicos precisos. Los fármacos que muchos creen que “encienden” la pasión en realidad no generan excitación: su acción es mecánica y bioquímica, al bloquear una enzima que funciona como interruptor de apagado.
Cuando hay estímulo, el cuerpo libera óxido nítrico, que produce una molécula llamada cGMP. Esta ordena a los músculos de las arterias relajarse para permitir la entrada de sangre. Sin cGMP, no hay expansión ni rigidez. Pero el organismo también fabrica una enzima llamada fosfodiesterasa tipo 5 (PDE5), cuya tarea es destruir el cGMP y devolver el órgano a su estado de reposo, como un botón de drenaje en un sistema hidráulico.
El sildenafilo o el tadalafilo actúan precisamente sobre esa enzima: se unen a ella e impiden que degrade el cGMP. Al mantener altos los niveles de este mensajero, las arterias permanecen abiertas y el flujo sanguíneo se sostiene, lo que prolonga la presión interna y la firmeza. No es magia, es flujo: el medicamento no crea la erección por sí mismo, necesita el estímulo inicial para liberar óxido nítrico. Su función es evitar que el sistema se desinfle antes de tiempo, optimizando la capacidad de las cámaras para retener la sangre bajo presión.
