CIUDAD DEL ESTE (Salud, por Charly Friendz) Algunos lo conocemos como beso, otros lo llaman chape, otros le dicen ñofla, y existen todavía más nombres o sinónimos para ese gesto que une a dos personas, ya sean de sexos opuestos o iguales. Lo cierto es que, más allá de cómo se lo nombre, el beso es uno de los actos más disfrutados: sentir la temperatura de la boca de esa mujer a quien querés, y mucho más todavía si ella sabe utilizar su almíbar, que sería la lengua, para que entre ambos se produzca ese efecto colateral que buscan.
Sin embargo, lo que muchos no saben es que el beso también puede convertirse en una vía de transmisión de ciertas enfermedades. No significa que debamos dejar de besar, porque sería negar uno de los gestos más humanos y placenteros, pero sí conviene conocer los riesgos.
La llamada “enfermedad del beso”, la mononucleosis infecciosa, es producida por el virus de Epstein-Barr y se transmite principalmente por la saliva. Sus síntomas incluyen fiebre, cansancio extremo, dolor de garganta e inflamación de los ganglios. Aunque suele resolverse con reposo, puede dejar secuelas de agotamiento durante semanas.
El herpes simple tipo 1, conocido popularmente como “fuegos” o herpes labial, es otra infección muy común. Se contagia por contacto directo con las lesiones, pero también puede transmitirse incluso cuando no son visibles. Una vez adquirido, el virus permanece en el organismo y puede reactivarse en momentos de estrés, bajas defensas o exposición al sol, generando nuevas lesiones dolorosas.
El VPH oral, que afecta la boca y la garganta, se transmite principalmente por sexo oral, aunque también puede pasar de persona a persona por contacto boca a boca. En algunos casos puede provocar lesiones benignas, pero en otros se asocia con un mayor riesgo de cáncer orofaríngeo, lo que lo convierte en una infección que merece atención médica seria.
Además, los besos pueden transmitir bacterias orales. Estas bacterias, responsables de caries y enfermedades periodontales, pueden pasar de una boca a otra y favorecer la aparición de problemas dentales o inflamaciones en las encías. Incluso se ha estudiado que compartir saliva de manera frecuente puede alterar el equilibrio de la microbiota oral, aumentando el riesgo de infecciones.
En definitiva, el beso sigue siendo ese gesto cargado de ternura y pasión, pero como todo en la vida, también requiere responsabilidad. La clave está en cuidar la salud bucal, tratar cualquier infección activa y acudir al médico si aparecen lesiones, molestias o cambios extraños en la boca. Besar no es un peligro si se hace con conciencia: es un acto de amor que, bien cuidado, seguirá siendo uno de los placeres más universales.
