ENTRE SOMBRAS Y DESEO

CIUDAD DEL ESTE (Tendencia por Carlos Ross)¿Qué otra opción teníamos? Solo nos quedaba amarnos a escondidas, arriesgarlo todo sin mirar atrás, dejarnos llevar por esa pasión que no pedía permiso, por esa sed que no se saciaba con palabras, sino con piel, con movimientos salvajes, con temblores compartidos y respiraciones entrecortadas. Era un amor que se vivía en carne viva, en gemidos que no sabían de límites, en pulsos que se sincronizaban en medio del delirio.

La culpa intentaba colarse entre nosotros, disfrazada de conciencia, de moral, de ese “qué dirán” que tanto pesa en la boca de los otros. Pero era inútil. La atracción podía más. Nos arrastraba a ese abismo sin salida donde el juicio social no tenía cabida, donde éramos los pecadores, los esclavos del placer, los protagonistas de un amor que no pedía permiso.

Nos convertimos en ladrones de instantes, prófugos del tiempo, amantes de habitaciones ajenas en rincones de la ciudad donde nadie pudiera vernos. Ni siquiera la luna, que parecía espiarnos entre los árboles o los cristales cada madrugada. Era un amor clandestino, ciego, sin promesas ni futuro, pero tan real como el fuego que nos consumía.

Ella despertaba mis instintos como nadie. Era entrega pura, sin resistencia. En su cuerpo encontraba inspiración, en su vientre depositaba cada suspiro, cada palabra no dicha, cada verso que mi alma necesitaba liberar. Era mi musa, mi Venus, mi refugio. Y yo, su poeta sin redención.

 

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