CIUDAD DEL ESTE (tendencia, por Esteban Ross) Particularmente, eres mi amada, la que permanece en cada instante de mi vida, en el ayer y en el hoy. Te amo, señora. Fuiste flor silvestre, fruto tardío y ventisca, pero aun así estás presente en mis días, iluminando cada momento con tu esencia.
Mi corazón siempre fue un refugio para ti, porque eres la mujer que todo caballero al cielo aclama. Nuestra vida es el lugar donde tu existencia y la mía se convierten en gala, en celebración de lo que somos juntos. Somos un estilo directo y simple, pero auténtico; reímos hasta llorar y lloramos hasta reír, y en medio de todo eso nos amamos con la fuerza de lo eterno.
Tú inventas mis locuras y les das sentido, ahora todo lo nuestro tiene sabor. Qué hermoso es saber que lo que antes fue secreto hoy se ha convertido en un grito de amor, y que ni en la distancia existe lo lúgubre. Te amo, señora.
Todo comenzó con mis líneas preferidas y tu nombre escrito en ellas. El desierto era inmenso entre nosotros, pero al final el viento nos unió en un mundo vertical y nos enfrentó para siempre, sellando nuestro destino.
Nuestros instantes más hermosos suelen ser como el vuelo de las blancas gaviotas que surcan las primaveras. Cantamos nuestra canción favorita mientras el sol se oculta y la luna nos promete que mañana volverá.
Fuiste flor silvestre, fruto tardío y ventisca, pero aun así permaneces en mis días. Mi corazón siempre fue un refugio para ti, porque eres la mujer que todo caballero al cielo aclama. Y particularmente, eres mi amada, mi eternidad, mi continua en las cosas del ayer y del hoy.
