ESTAFAS Y ROBOS EN COLACIONES Y VIAJES: EL SUEÑO ESTUDIANTIL TRUNCADO POR SINVERGÜENZAS

NACIONALES (realidades por Redacción) Cada año, cientos de estudiantes paraguayos se ilusionan con su fiesta de colación o viaje de fin de curso, pero muchos terminan con el corazón roto por culpa de adultos sinvergüenzas que se quedan con el dinero que tanto les costó juntar.

La historia se repite como figurita gastada: chicos que venden hamburguesas, caipiriñas, rifas, organizan fiestas en discotecas, ponen stands en los San Juanes, todo con esfuerzo y creatividad para reunir plata y cerrar el año con una despedida soñada. Pero en lugar de aplausos y brindis, se encuentran con excusas, promesas vacías y, en el peor de los casos, con la plata desaparecida.

Uno de los casos más recientes ocurrió en Canindeyú, donde la profesora Zulma Ortellado se ofreció como tesorera de la promo en la Escuela Nacional de Comercio de La Paloma. Los alumnos confiaron en ella y juntaron más de G. 10 millones con actividades durante todo el año. Pero cuando llegó el momento de pagar la fiesta, la profe solo devolvió G. 2 millones y el resto se esfumó. Ante los reclamos, empezó a decir que estaba enferma, que tenía problemas personales, y así fue estirando el tiempo mientras la fecha de la colación se acercaba.

Este tipo de estafa no es aislado. En el Colegio Verbo Divino, los alumnos del tercer curso del turno tarde denunciaron que la delegada y tesorera se llevó G. 19 millones que habían recaudado para su fiesta. Y en el Colegio Naciones Unidas, la plata del curso fue usada por la familia de la delegada, dejando a los chicos sin celebración. En otro caso, la Policía detuvo al dueño de una agencia de viajes por estafar a varios estudiantes que habían contratado paquetes para sus viajes de fin de curso.

Lo más indignante es que muchas veces el fraude viene de alguien cercano: un padre de la comisión, un docente, o incluso un directivo. Personas que deberían proteger a los chicos, pero que terminan traicionando su confianza. Y cuando se los denuncia, suelen hacerse los ofendidos, amenazar con contrademandas, o simplemente desaparecer.

Mientras tanto, los estudiantes quedan con el alma en la boca. Después de meses de trabajo, sacrificio y sueños compartidos, se enfrentan a la frustración de no tener colación, no viajar, y ver cómo su esfuerzo se convierte en nada. Es una injusticia que duele y que merece ser visibilizada.

Por eso, es fundamental que las instituciones educativas tomen medidas claras: exigir rendición de cuentas, evitar que el dinero pase por manos individuales sin control, y fomentar que los fondos se manejen de forma transparente. Los chicos merecen celebrar, no ser víctimas de estafas. Y los adultos que se aprovechan de ellos, merecen ser expuestos y sancionados.

 

 

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