FEMINICIDIOS Y VIOLENCIA FAMILIAR: UNA HERIDA QUE NO CICATRIZA

NACIONALES (realidad fatídica por redacción )En Paraguay, hasta noviembre de 2025 se registraron 33 feminicidios y como consecuencia directa quedaron 64 hijos huérfanos. La cifra es similar a la del año pasado, pero lo que preocupa es que la violencia familiar y las tentativas de feminicidio siguen aumentando, lo que muestra que no estamos mejor, sino que seguimos atrapados en un círculo de violencia que golpea a las mujeres y destruye familias enteras.

Cuando uno mira las cifras de este año, la realidad es estremecedora: 33 mujeres asesinadas por razones de género y 64 niños que quedaron sin madre, muchos de ellos pequeños y ahora bajo el cuidado de familiares cercanos. El Ministerio Público también reportó más de 52 tentativas de feminicidio, lo que significa que la violencia extrema estuvo a punto de cobrarse más vidas. Si comparamos con el 2024, la diferencia es mínima: ese año se registraron 31 feminicidios y alrededor de 65 huérfanosMinisterio Público+2. En otras palabras, no hubo una mejora significativa, y lo más doloroso es que cada número representa una historia truncada, una familia marcada por el miedo y la pérdida.

La violencia familiar tampoco da tregua. En lo que va del 2025, más de 31.000 mujeres denunciaron agresiones dentro de sus hogares. Esto revela que el problema no se limita a los casos más extremos de feminicidio, sino que se extiende como una sombra cotidiana que afecta a miles de familias. Y lo más grave es que, aunque se habla de campañas de prevención y de leyes que buscan proteger a las mujeres, la realidad muestra que seguimos expuestos a la misma brutalidad año tras año. No estamos mejor, porque los números se mantienen altos y las historias de dolor se repiten. Estamos peor en el sentido de que la violencia se normaliza, se instala en los hogares y deja huellas profundas en los hijos que crecen en medio de ese ambiente.

La conclusión es clara: el feminicidio no solo arrebata vidas, también deja huérfanos, familias destrozadas y una sociedad que parece incapaz de frenar la violencia. Mientras las cifras se mantengan en este nivel, no podemos hablar de avances, sino de una deuda pendiente que se cobra en sangre y en lágrimas.

 

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