CIUDAD DEL ESTE (Realidad Fatídica, por Steven Ross) En Paraguay, la policía detiene, pero los fiscales sueltan. Esa es la sensación cada vez más común entre los ciudadanos. Lo vivimos nuevamente con el caso de Blas Ariel Velázquez Ferreira, detenido por robar alimentos del almuerzo escolar de una escuela pública en Ciudad del Este. Confesó su participación. Había pruebas. Sin embargo, fue liberado en menos de 24 horas por la fiscal Cinthia Leiva.
No es un hecho aislado. Hay fiscales que actúan con tibieza, dejando en libertad a personas con antecedentes o que deberían estar cumpliendo condenas. Mientras tanto, la inseguridad crece, la impotencia se acumula y el mensaje es claro: podés delinquir, que no pasa nada.
El sistema tiene nombre y rostro. Emiliano Rolón, fiscal general del Estado, no ha demostrado compromiso firme ante estos casos. El Jurado de Enjuiciamiento ha llamado la atención a varios fiscales, como Stella Mary Cano o los que manejaron con desidia el caso del asesinato del fiscal Marcelo Pecci. Y mientras tanto, personas como Yunior Gabriel Vázquez Duarte, con prisión domiciliaria por robo agravado, vuelven a reincidir sin que nadie controle si siquiera están en sus casas.
No queremos justicia selectiva, ni fiscales que miran a otro lado. Queremos un Ministerio Público que cumpla su rol, que defienda a la sociedad con valentía y equidad. No alcanza con detener. Hace falta condenar. Y sobre todo, que las condenas se cumplan. Porque sin justicia, no hay paz. Ni futuro. Ni confianza. Solo impunidad.


