CIUDAD DEL ESTE (salud, por Carlos Roa) Cuando una persona se expone al virus del herpes, este puede ingresar al cuerpo a través de pequeñas abrasiones o microfisuras en la piel o las mucosas.
Una vez dentro, el virus comienza a multiplicarse dentro de las células, provocando las típicas lesiones o ampollas características del herpes. En esta etapa, el sistema inmunológico intenta controlar la infección… pero ocurre algo clave:
Cuando la piel empieza a sanar, algunos virus logran esconderse. Viajan por las terminaciones nerviosas —los axones— hasta llegar a estructuras llamadas ganglios nerviosos.
- En el herpes oral, el virus se aloja en el ganglio del trigémino.
- En el herpes genital, en el ganglio sacro, cerca de la médula espinal.
Allí el virus permanece “dormido” o latente, evadiendo por completo al sistema inmune. Por eso no se elimina del cuerpo.
En ciertos momentos, factores como el estrés, la fiebre o la exposición solar pueden despertarlo, causando nuevos brotes.
