CIUDAD DEL ESTE (reflexión, por Esteban Ross) Por la mañana, nos apresuramos al trabajo. Una vez que llegamos a él, nos apresuramos para hacer que las 8 horas pasen más rápido.
Por la noche, entramos corriendo por la puerta de nuestra casa, nos apresuramos a besar a nuestros seres queridos y apresuramos el paso para lanzarnos frente a la televisión, con el celular en mano o la tableta en nuestros brazos.
Nos apresuramos desde que éramos jóvenes.
Tenemos prisa por crecer, rezamos para que los años de secundaria terminen pronto y de una vez, luego nos apresuramos para terminar la universidad.
Entonces nos damos prisa para comprar una casa o departamento con deudas largas o de por vida.
Elegimos tener hijos, a los que estamos criando de prisa, preguntándonos «¿en qué momento crecieron tan rápido?
Y cuando crecen nos preguntamos por qué tienen tanta prisa por independizarse y dejarnos tan rápido…
Sólo entonces entra en nuestro vocabulario la expresión:
«Espera un minuto… «Creo que eso te suena familiar.
Última visita a casa de tu abuela, te apuras por volver a la tuya, ella, sosteniéndote de la mano y diciéndote con voz temblorosa: “Espera hijo un poco más, sabe Dios si te volveré a ver. . ..”
Hace aproximadamente un siglo y medio, John Ruskin, que venía de una familia muy rica, escribió:
«La riqueza no es tan valiosa como la vida misma, piensa en cuántas veces escuchas la pregunta «¿Qué hiciste con todo ese dinero que acumulaste?» «Y cuántas veces has oído a alguien preguntar, «¿Qué has hecho con tu vida?» “¡Así que Vive el hoy, el mañana no existe! «Eso suena impactante, pero es la realidad, morimos y nada nos llevamos.
Por eso los italianos lo llamaron simplemente: «Hoy estás en la Tierra, mañana estarás en la tumba”. «En la Tierra puedes dejar huellas o sombras. En la tumba, ya no eres ni un rastro o ni una sombra. «
