LA ESCLAVITUD MODERNA EN LOS BARRIOS CHUCHIS

CIUDAD DEL ESTE (realidad fatídica por Carlos Roa) Es sorprendente como las personas que más tienen, o que mejor posicionadas están económicamente son siempre las más miserables y mezquinas. Es así que llega hasta nuestra redacción la denuncia de una empleada doméstica quien con mucho pesar nos relató los malos ratos vividos trabajando en una casa de familia en uno de los barrios más lujosos de la zona, quién diría que en el interior del Paraná Country Club, en la casa de una familia bien posicionada, donde la dueña y señora de la casa es una doctora nombrada en IPS, cuyo padre, también médico que trabaja tanto en Ciudad Del Este como en un reconocido hospital de Foz de Iguazú, proveniente de una familia bien posicionada, con todos los estudios académicos al día, uno pensaría que también la moral y la solidaridad, la empatía y las buenas costumbres la tiene bien arraigada. Pero no.

Esta señora doctora, cuyo nombre omitiremos por temor a represalias contra la trabajadora doméstica, esta señora en su casa se comporta de una forma miserable con sus personales domésticos, donde hace una evidente discriminación entre su familia y las demás personas que residen en la casa, es así que en su relato Marta, la empleada doméstica nos cuenta que no podían comer lo mismo que los demás miembros de la familia, que si la cena se preparaba era solo para los miembros de la familia y que para Marta y las otras empleadas solo les correspondía un huevo frito en la noche y nada más.

Cómo puede una persona que tiene todo, que siempre ha tenido todo y sobrando, comportarse así con sus funcionarios que además residen en la casa, no es que Marta va a salir de la casa donde está trabajando para irse a su casa a cenar y dormir, no, todos sabemos que la mayoría del personal doméstico de barrios chuchis trabajan sin retiro, muchos van a sus casas los fines de semana, o cada quince días, y mientras están en casa ajena, mientras viven en el lugar donde trabajan deben hacer todas sus cosas ahí, como comer, bañarse, algunos estudian, y sobre todo el descanso. Es allí cuando los patrones se aprovechan de la necesidad de estas personas, limitándoles la comida o el horario de descanso, ya que muchas veces la niñera o empleada debe dormir por ejemplo con los niños, para atenderlos durante la noche, que cualquiera que tiene hijos sabe que los niños muchas veces se despiertan y se inquietan durante la madrugada y quien les atiende es la empleada, no la mamá. Luego deben estar en pie de nuevo a las cinco de la mañana o antes para tener listo el desayuno y otros menesteres antes de que los propios dueños de casa se despierten.

Cómo es posible que después de tanto tiempo esta práctica aún siga vigente, donde siempre el que contrata los servicios se favorece de la necesidad del otro que viene a su casa a prestar servicios domésticos principalmente. Siempre tratándolos como inferiores, se quedan despiertos hasta altas horas de la noche cuando en la casa hay alguna fiesta o invitan a amigos, deben tener la casa impecable, atender a los niños y mascotas, estar siempre listos para servir, pero ni siquiera tienen el descanso o la alimentación apropiadas. Cuando se les controla cuánto comen, qué comen, o directamente la familia cena un banquete y la para empleada doméstica solo hay un huevo frito, y que si se atreve a comer más de uno ya hay comentarios despectivos, miradas reprobatorias. En redes sociales siempre vemos cómo responden a las publicaciones de pedidos de domésticas sin retiro, anticipando ya el trabajo esclavo que les espera. Muchas veces el sueldo puede ser tentador pero no compensa el mal trato a veces no tan silencioso que les toca vivir a quienes trabajan en casas de familias adineradas.

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