CIUDAD DEL ESTE (Realidad fatídica por Redacción) La salud pública en Paraguay parece vivir en una sala de terapia intensiva permanente. Los problemas se acumulan y se repiten año tras año, sin que las soluciones lleguen a los hospitales ni a los pacientes que esperan atención digna.
Uno de los síntomas más graves es el desabastecimiento crónico de medicamentos e insumos básicos. En lugar de recibir lo que debería estar garantizado por el Estado, los pacientes y sus familias se ven obligados a organizar colectas solidarias, rifas o ventas de comida para cubrir tratamientos. La solidaridad ciudadana reemplaza lo que debería ser responsabilidad oficial.
A esto se suma la infraestructura hospitalaria inconclusa. Obras anunciadas con entusiasmo quedan a medio camino, generando hacinamiento y falta de camas. Los pasillos se convierten en salas improvisadas, y los pacientes esperan en condiciones indignas mientras los discursos oficiales hablan de modernización y avances.
La paradoja es evidente: mientras se prometen mejoras y planes de inversión, la realidad muestra hospitales sin terminar, salas abarrotadas y enfermos que dependen de la buena voluntad de la gente. La salud pública se sostiene más por la ayuda comunitaria que por la gestión estatal.
