CIUDAD DEL ESTE (policiales) El lunes 25 de agosto, la concejal liberal María Ester Portillo fue designada como intendenta interina de Ciudad del Este por un periodo de 90 días, tras la destitución de Miguel Prieto por decisión de la Cámara de Diputados. Su llegada al cargo, respaldada por el bloque YoCreo y el PLRA, no tardó en generar controversia: uno de sus primeros anuncios fue la intención de gestionar un préstamo bancario de hasta G. 15.000 millones.
¿Para qué se usaría el préstamo?
Según Portillo, el préstamo busca “regularizar la situación financiera” de la comuna, saldar deudas urgentes y evitar que la municipalidad quede inhabilitada para recibir recursos del Fonacide y royalties. Sin embargo, no se ha detallado con precisión cómo se distribuirá ese dinero, lo que ha encendido las alarmas entre sectores ciudadanos y políticos.
Críticas y sospechas
- Se denuncia que parte del préstamo podría destinarse al pago de salarios de operadores políticos, lo cual sería ilegal, incluso con aprobación de la Junta Municipal.
- Los préstamos municipales deben destinarse exclusivamente a obras o inversiones, no a gastos corrientes como salarios o funcionamiento administrativo.
- Solicitar un préstamo de esta magnitud hipoteca las futuras recaudaciones, afectando incluso a la próxima administración.
- El préstamo se gestionaría con el Banco Continental, entidad recurrente en las operaciones financieras del entorno de Prieto y Mujica.
- Y como todo préstamo, tiene intereses. ¿Quién los paga? El pueblo.
Un contexto cargado de dudas
La situación financiera crítica de la comuna fue generada, según denuncias, por el propio entorno político que ahora propone la solución. Durante el proceso de intervención, se habría boicoteado la recaudación municipal, paralizando servicios y dejando a la institución en estado de emergencia.
Portillo estará en el cargo solo por tres meses, pero las decisiones que tome —como este préstamo— pueden comprometer a largo plazo el futuro de Ciudad del Este. La falta de transparencia en el destino de los fondos, sumada a la urgencia con que se plantea la operación, deja un fuerte olor a improvisación… o algo peor.
