MILITARES RETIRAN MOBILIARIO ESCOLAR Y CAUSA INDIGNACIÓN

NACIONALES (realidades por Steven Ross) En estos días se viralizó un video que generó una mezcla de indignación y tristeza: militares retirando mobiliario escolar de varias instituciones educativas, cargándolos en camiones y llevándolos al Liceo Militar Acosta Ñu, donde están siendo apilados como si fueran chatarra. Todo esto ocurre en el marco de la distribución de los famosos “pupitres chinos” adquiridos por Itaipú Binacional.

Lo que más duele no es solo el reemplazo, sino la forma en que se está haciendo. Padres, madres y docentes de distintas escuelas expresaron su enojo porque esos muebles que hoy están siendo retirados no fueron regalos del Estado. Fueron fruto del esfuerzo colectivo: rifas, polladas, aportes voluntarios, horas de trabajo comunitario. Cada pupitre de madera tiene una historia, un sacrificio detrás. Y ahora, sin consultar, los retiran como si no valieran nada.

Los nuevos pupitres, fabricados con plástico y metal, llegaron con bombos y platillos. Pero la realidad es otra: ya presentan desperfectos en varias escuelas, como en Juan E. O’Leary, donde a solo tres meses de uso, muchos ya están rotos o desarmados. Y lo peor: no se pueden reparar fácilmente, porque al ser de plástico, no admiten el arreglo artesanal que sí permiten los muebles de madera.

Mientras tanto, muchas escuelas siguen esperando. Según datos oficiales, hasta el cierre de junio se entregó el 73% del total previsto de pupitres (239.137 de 328.687). Eso significa que más de una cuarta parte de las instituciones aún no recibió nada, y sin embargo, en otras ya se están retirando muebles en buen estado.

Hay denuncias de que los muebles retirados están siendo dejados a la intemperie, apilados sin cuidado, y en algunos casos incluso usados como leña. ¿Cómo no va a doler eso, si fueron los propios padres y docentes quienes los consiguieron con tanto esfuerzo?

Los muebles de madera, aunque humildes, tienen una ventaja enorme: se pueden reparar. Un tornillo, un clavo, una mano de barniz, y vuelven a servir. En cambio, los pupitres nuevos, cuando se rompen, terminan siendo basura. ¿Eso es progreso?

En nuestro país, cuando el Estado no llega, son las familias y los docentes quienes sostienen las escuelas. Por eso, este atropello no es solo logístico: es simbólico. Es una falta de respeto al trabajo silencioso de miles de paraguayos que, sin cámaras ni discursos, hacen que la educación funcione todos los días.

 

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