PEDRO JUAN CABALLERO (policiales) Elisandra Arce Aguirre tenía 27 años, era madre de dos niños pequeños, y vivía en Pedro Juan Caballero. El 17 de agosto, en medio de una discusión con su pareja, Carlos Adolfo Ramírez, ocurrió lo impensable: él la roció con combustible y le prendió fuego dentro de la casa que compartían en el barrio Jardín Aurora.
Elisandra sufrió quemaduras en cerca del 40% de su cuerpo, principalmente en el rostro, brazos y tórax. Fue atendida inicialmente en el Hospital Regional de Pedro Juan Caballero, pero debido a la gravedad de sus lesiones, fue trasladada al Hospital del Quemado en Asunción. Allí luchó por su vida durante casi un mes. La infección obligó a los médicos a amputarle una pierna, y su estado se mantuvo crítico hasta que, finalmente, falleció el viernes 12 de septiembre.
Antes de ser trasladada, alcanzó a decir una frase que quedó grabada en la memoria de su familia: “Dios mío… mirána lo que me hizo Carlitos”. Esas palabras, pronunciadas con dolor y desesperación, fueron su último testimonio. No solo revelan el horror que vivió, sino también el vínculo tóxico y violento que la había atrapado durante años.
Su hermana, Sonia Elizabeth Arce, relató que Carlos la maltrataba constantemente. Elisandra lo denunciaba, pero luego retiraba las denuncias porque era el padre de sus hijos. “Ella no es un animal para que le hagan esto”, dijo Sonia, quien ahora lucha por obtener la custodia de los dos niños, de 7 y 11 años.
El presunto autor está detenido en la Penitenciaría Regional de Pedro Juan Caballero. Inicialmente fue imputado por tentativa de feminicidio, pero tras el fallecimiento de Elisandra, la Fiscalía amplió la imputación a feminicidio consumado. El fiscal Rodrigo Espínola confirmó que se buscará una condena de hasta 30 años de cárcel.
La familia de Elisandra pide que su muerte no quede en el “opa rei”, que no se olvide ni se minimice. Piden justicia, no solo por ella, sino por todas las mujeres que siguen atrapadas en relaciones violentas, sin protección ni salida.
Elisandra murió con el cuerpo marcado por el fuego, pero también con una historia que merece ser contada. Porque detrás de cada caso de feminicidio hay una vida que fue ignorada, una voz que fue silenciada, y una sociedad que aún tiene mucho por hacer.
