NIÑEZ EN PELIGRO: ¿CUÁNTOS MÁS DEBEN DESAPARECER?

NACIONALES (policiales) En nuestro país, cada vez que desaparece un niño o adolescente, se apaga una luz. Y lo más doloroso es que esa oscuridad no parece incomodar a quienes deberían encender las alarmas. No hay protocolos claros, no hay reacción inmediata, no hay voluntad política. Lo que sí hay es silencio. Y ese silencio es cómplice.

De enero a mayo de este año, se registraron más de 800 denuncias de desapariciones en Paraguay. La mayoría son adolescentes. De esos casos, apenas la mitad fue localizada. El resto sigue en investigación, sin respuestas, sin avances, sin justicia. Y eso que hablamos de menores de edad, de paraguayos que deberían estar protegidos por el Estado.

En 2024, se reportaron 904 desapariciones de menores, de los cuales 381 siguen sin resolverse. Tres fueron encontrados sin vida. ¿Qué más tiene que pasar para que se entienda que esto no es normal?

El caso que se conoció, pero que no es la regla

En los últimos días se supo que un hombre indígena habría llevado a su sobrina de seis años al Brasil para venderla. Por suerte, la niña fue rescatada. Pero esa es la excepción. La mayoría de los casos no termina con un reencuentro. Termina en la nada. En la impunidad. En el olvido.

¿Y el protocolo de búsqueda? No existe.

Paraguay no tiene una “Alerta AMBER”, ni un sistema nacional de reacción inmediata. Recién en junio de este año se activó un decreto provisorio (N.º 1011) que establece un mecanismo de búsqueda, pero no tiene fuerza de ley y no contempla acciones específicas para menores. Mientras tanto, los operativos siguen siendo empíricos, improvisados, y centralizados en un solo departamento de la Policía3.

Paraguay, pasillo de la trata de personas

Entre enero y julio de 2025, se registraron 49 causas por trata de personas, y el 48% de las víctimas son menores de edad6. Paraguay es considerado un país de origen en redes internacionales de explotación sexual y laboral. Y sin embargo, no hay campañas masivas, ni controles fronterizos efectivos, ni proyectos legislativos que enfrenten esta realidad con seriedad.

La indiferencia institucional

El Ministerio de la Niñez admite que estamos “décadas atrasados” en esta materia. El Congreso sigue sin aprobar una ley que establezca protocolos claros. Y mientras tanto, cada día desaparecen niños. Cada día se vulnera el derecho más básico: el de vivir.

¿Quién responde por ellos?

No es solo una falla del sistema. Es una traición. Porque el Estado tiene la obligación de protegernos, y más aún a los menores. Pero hoy, en nuestro país, los niños desaparecen y nadie se hace cargo. Nadie presenta un proyecto. Nadie exige rendición de cuentas.

Este material no es solo una denuncia. Es un llamado.

A los medios, para que no dejen de contar estas historias. A los legisladores, para que dejen de mirar para otro lado. A la ciudadanía, para que no se acostumbre al horror.

Porque si no gritamos ahora, mañana puede ser demasiado tarde.

 

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