CIUDAD DEL ESTE (Tendencia, por Redacción) No me fui, me corriste. No es que dejé de amarte, es que tu indiferencia me empujó lejos. Una relación no debería ser un lugar donde se mendiga cariño, tiempo o atención. Yo entregaba lo mejor de mí, mis días, mi energía y mi corazón, pero a cambio recibía distancia y frialdad. Eso desgasta, consume y destruye.
No somos incompatibles por azar, sino porque tu falta de comunicación y tu incapacidad de cuidar lo que teníamos nos alejaron cada vez más. Al final, estar contigo me hacía sentir solo, vacío y triste, incluso en tu compañía. Y eso no es justo.
No me voy porque haya otro hombre, me voy porque tú mismo me expulsaste con tu actitud. Porque una relación necesita reciprocidad, compromiso y cuidado mutuo, y nada de eso estaba presente. Te amé, pero me pusiste al límite tantas veces que ya no puedo seguir.
Quedarme sería perderme a mí misma, sería convertirme en alguien frío y roto. Por eso me voy: porque aunque te ame, esta relación me está destruyendo. No es que otro ocupe tu lugar, es que tú mismo lo dejaste vacío.
