EL TRABAJO DOMÉSTICO ENTRE LA CONFIANZA Y DECEPCIÓN

NO TODAS LAS QUE BUSCAN EMPLEO BUSCAN TRABAJAR DE VERDAD

 

 

CIUDAD DEL ESTE (Realidad Fatídica, por Charly Friend) Cada situación que uno debe atravesar en la eterna búsqueda de funcionarias domésticas, aquellas que cumplen el rol pagado de amas de casa, demuestra que administrar una vivienda no es tarea fácil, pero tampoco imposible. Recuerdo que en otros tiempos lo que más querían las chicas para poder trabajar era buscar empleo en casas de familia sin retiro, o “cama adentro” como también lo llaman, ya que con esto se ahorraban un poco de los gastos cotidianos como pasaje, alimentación, alquiler y electricidad. Es bien sabido que muchos patrones se aprovechan de las funcionarias en esta situación, convirtiendo el trabajo en una esclavitud moderna: hacen dormir a la empleada doméstica o niñera con los niños para atenderlos durante la noche si se despiertan, les restringen la comida y el descanso. Recientemente publicamos el caso de una patrona “chuchi” que solo le permitía cenar un huevo frito a la funcionaria que residía en su vivienda. El descanso prácticamente no existe cuando los patrones se comportan así: las tienen hasta altas horas trabajando y luego deben levantarse mucho antes que ellos para atenderles a primera hora de la mañana con la mesa lista para el desayuno, entre otras actividades.

Pero ¿qué pasa cuando el problema es la funcionaria? Miles de chicas y señoras escriben cuando uno publica en Facebook un anuncio de empleo, buscando una persona con tales características que pueda y quiera venir a trabajar. Pero ahí está el error, pues la mayoría no quiere trabajar, solo quiere cobrar. Es así que llegamos al caso de esta chica de la que hoy vamos a hablar, cuyo nombre es Maricel. Ella no es la única ni la primera que demuestra comportamientos totalmente desatinados, alejados de lo que es la educación y los buenos modales. Cuando uno trata de enseñarle cómo se debe comportar, como por ejemplo no alzar el pie sucio con la zapatilla en la mesita, se ofende porque se le dice que eso no se hace, que está mal. Pero más me ofendí yo al darme cuenta de que mis latas de cerveza, que me esperaban en la heladera, las encontré en el basurero porque alguien, sin preguntar ni pedir, ya las había vaciado.

Lastimosamente existe una ola de mujeres que fingen querer trabajar, pero lo único que buscan es llevarse la platita y vivir como reinas en casa ajena, con televisión y wifi liberados, en un lugar cómodo y privado donde descansar. Así la tenía yo, como a todas las domésticas que pasaron por mi casa: como una más de la familia, sentada en la mesa sin ningún tipo de prejuicios. Sé muy bien que son pocos los patrones que lo hacen. Pero no, resultan ser unas malagradecidas, y sobre todo esta Maricel, que ya es la segunda vez que pasa por mi casa y a los quince días sencillamente abandona el puesto de trabajo, dejando al patrón de manos atadas sin alguien que pueda cumplir con las labores para las que se le contrató. Debería existir también algún tipo de sanción para las funcionarias, ya que no todos los patrones somos dictadores como en algunas casas “chuchis” del Paraná Country Club. Al contrario, las respetamos y les damos un trato digno, y se nos devuelve de esta manera.

 

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