CIUDAD DEL ESTE (Salud, por Esteban Ross) La oxigenación es la base de la salud. Cada vez que inhalamos, el oxígeno entra en los pulmones y se distribuye por la sangre, llegando a cada célula del cuerpo. Allí cumple un papel fundamental: permite que las células produzcan energía a través de procesos metabólicos que sostienen la vida. Sin oxígeno, el organismo no puede mantener funciones vitales como el movimiento, la digestión o la reparación de tejidos. Por eso, respirar bien y mantener una buena capacidad pulmonar es esencial para vivir con calidad.
Sin embargo, no basta con respirar. La oxigenación puede verse afectada por factores como el sedentarismo, el tabaquismo, la contaminación ambiental y hasta el estrés. Cuando el cuerpo no recibe suficiente oxígeno, aparecen síntomas como cansancio, falta de concentración y debilidad. A largo plazo, la mala oxigenación puede contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y neurológicas. Cuidar la salud implica también cuidar la manera en que oxigenamos nuestro organismo.
Existen hábitos simples que mejoran la oxigenación. Practicar ejercicio físico regularmente ayuda a que los pulmones trabajen mejor y el corazón bombee con más eficiencia. Mantener espacios ventilados, evitar el humo del tabaco y realizar técnicas de respiración consciente también favorecen la entrada de oxígeno al cuerpo. La oxigenación no es solo un proceso automático: es una herramienta que podemos fortalecer para vivir mejor, con más energía y con mayor resistencia frente a las enfermedades.
