RECONSTRUYENDO MI FELICIDAD DESDE ADENTRO

CIUDAD DEL ESTE (Reflexión, por redacción) Un día tomé la decisión de quedarme sola. No como una rendición, sino como un acto de amor propio. Durante mucho tiempo cargué con el peso de corazones rotos, de heridas que no me pertenecían y de amores que llegaron en el momento o con las personas equivocadas.

Decidí detenerme. Elegí darme un respiro, porque comprendí que mi corazón merecía sanar, merecía espacio para reencontrarse conmigo misma.

Con el tiempo descubrí que no necesito llenar mis días con palabras vacías ni conexiones superficiales que no me aportan nada. Aprendí que soltar lo que no es para mí no representa una pérdida, sino una liberación.

Entendí que es válido esperar un amor que me honre por lo que soy, un amor que no venga con prisas, sino como un encuentro genuino. Y si ese amor nunca llega, está bien. Mi soledad no es un castigo, es mi refugio.

En ese silencio, sin planearlo, me enamoré de la mujer en la que me he convertido. Ahora vivo para mí, disfrutando de atardeceres que no necesitan espectadores y de una paz interior que nadie puede quitarme.

Hoy sé que mi felicidad no depende de otro corazón, porque el mío, al fin, se eligió a sí mismo

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