RECUERDOS DE UNA ERA DORADA

CIUDAD DEL ESTE (Reflexión, por Carlos Roa) No en vano se dice que los años dorados de Ciudad del Este ya no alumbran tanto como antiguamente. En aquel tiempo, cualquier extranjero que venía, ya sea delincuente o supuesto empresario, se galardonaba con el dinero que producía Ciudad del Este.

Había empresas y casas comerciales cuyos dueños eran familias libanesas. Ellos vendían un producto y el turista pagaba ya con el paquete envuelto y lacrado, supuestamente para que no se descomponga. Pero cuando llegaba al hotel de Foz de Iguazú, listo para retornar a su hogar, lo abría para mostrar a su compañero qué tipo de aparato había comprado… y al abrir encontraba un pedazo de ladrillo.

Estos comerciantes siempre fueron conniventes con policías que operaban como supuestos policías de Turismo. En teoría, debían velar por los turistas, pero en la práctica eran cómplices de la mayoría de los tránsfugas libaneses, e incluso de colombianos, bolivianos y algunos brasileños.

El año dorado dejó una secuela: la llegada de muchos extranjeros, principalmente brasileños, que trajeron consigo una gama de hechos punibles como el tráfico de armas, tráfico de drogas y tráfico de mercaderías. Además, empleados brasileños venían a trabajar en Paraguay sin pagar ningún tipo de impuestos y, sobre todo, se encargaban de la fuga de divisas.

¿Por qué esto? Es simple, queridos lectores: ellos cobran en dólares o reales y llevan su salario al Brasil. Allá gastan, allá depositan, allá hacen todo. Y todo esto gracias a la connivencia de la DGM, un ente corrupto por donde se lo mire.

Hoy día tenemos delincuentes de todo tipo con cédula de identidad paraguaya o supuestas radicaciones gua’u. Esta ciudad, que dio mucho a muchos, también sirvió de cuna a delincuentes famosos, amparados por la justicia paraguaya, por la fiscalía, por la policía, por diputados, senadores, abogados, ministros y otros.

En algunos lugares, cambian una propiedad que está a medio kilómetro de la zona primaria, la suben con rueditas y la convierten en un shopping. ¿Saben de cuál estamos hablando, verdad? ¿Del Este o no?

Y los paraguayos siempre continuamos, en su mayoría, como perros falderos. Seguimos siendo los sirvientes, los que se encargan de hacer el trabajo sucio para que otros se vuelvan ricos. Tenés que irte como empleada en una casa del Country Club, más conocido como la comarca de los delincuentes. Allí te obligan a que, después de hacer todas tus tareas, saques al perro a pasear. Y si no lo hacés, te dicen: “Bueno, entonces te podés ir”. ¿Hasta qué punto tienen consideración por la trabajadora paraguaya? Y en su mayoría, los patrones son extranjeros.

Si este lugar dorado se hubiese cuidado como se debía, hoy sería una Suiza 2. No sería el campo de batalla de Zacarías, de Vaesken, de Prieto, de colorados, liberales ni de Honor Colorado. Sería una ciudad vaticinada como el pulmón del Paraguay.

Hoy, desfragmentada como está, tenemos policías haciendo guardia en casas de cambio, acompañando a piratas y cobrando. Todo ese dinero se reparte: un poco para el volái y otro poco para los jefes que están en Asunción, quienes se distribuyen mansiones y vehículos de alta gama.

Qué tristeza este país, por lo que se cuenta y se ve, siendo que debería ser un país de nobles, donde el ciudadano tendría que ser respetado y gozar de todos sus derechos.

 

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