CIUDAD DEL ESTE (tendencia, por Carlos Roa) Nadie te explicó que un día ibas a sentir que el mundo se te caía encima sin pedir permiso. Que el peso de lo invisible iba a aplastarte el pecho sin previo aviso, sin tregua, sin compasión. Que despertar dolería más que dormir, y que respirar se iba a convertir en un acto de rebeldía, como si cada inhalación fuera una declaración de guerra contra el vacío.
Te lanzaron a la tormenta sin paraguas, sin mapa, sin abrigo. Sin instrucciones, sin advertencias, sin promesas de que todo iba a estar bien. Y tú, sin saberlo, aprendiste a no ahogarte con la lluvia que cae por dentro. A nadar en lágrimas que nadie ve, a tragar el dolor como si fuera parte del desayuno, como si la tristeza viniera servida en la misma taza que el café.
Has caminado sobre cristales con la planta desnuda del alma, sintiendo cada corte, cada herida, cada fragmento de lo que alguna vez fue paz. Y aún así, mírate… Tal vez no lo notas, pero sigues de pie. Con las rodillas temblando, con el corazón hecho trizas, pero firme, digna, viva.
Porque incluso deshecha, no te abandonas. No te rendís. Has hecho castillos con los escombros del día anterior, con los restos de tus propias ruinas, con la fuerza que ni tú sabías que tenías.
Sigue, sigue… Lo estás haciendo muy bien. No es fácil, no lo ha sido nunca. Pero ahí la llevas, paso a paso, con la valentía de quien no necesita aplausos para seguir luchando. Con la belleza de quien se reconstruye en silencio. Con la luz de quien, aun rota, sigue brillando.
