CIUDAD DEL ESTE (Salud, por Charly Friendz) Una de las tantas enfermedades crónicas que padecen tanto hombres como mujeres, donde muchas veces no se sabe quién fue el primer transmisor hacia la vagina o el pene, es la gonorrea. También conocida como “cresta de gallo” o “vulvovaginitis”, representa uno de los riesgos más frecuentes de las relaciones sexuales en la juventud, cuando aún no se tiene conciencia plena de los cuidados necesarios. Muchos varones, en la adolescencia o incluso en la adultez temprana y avanzada, suelen frecuentar prostíbulos donde las mujeres carecen de control sanitario, espacios que se convierten en focos de transmisión de dolencias y enfermedades crónicas de tipo sexual. En esos lugares, la búsqueda de placer se mezcla con la exposición a infecciones que pueden marcar la vida de quienes las contraen.
La gonorrea es una infección de transmisión sexual causada por la bacteria Neisseria gonorrhoeae. Se transmite principalmente a través de relaciones vaginales, anales u orales sin protección y puede afectar distintas partes del cuerpo, como los genitales, el recto, la garganta e incluso los ojos. Un aspecto preocupante es que muchas personas, especialmente las mujeres, pueden no presentar síntomas, lo que facilita que la infección se propague sin que se note. Cuando los síntomas aparecen, suelen manifestarse como flujo vaginal o uretral anormal, ardor o dolor al orinar, molestias pélvicas o testiculares y dolor de garganta persistente tras prácticas sexuales orales.
El peligro de la gonorrea radica en sus complicaciones si no se trata a tiempo. Puede provocar enfermedad inflamatoria pélvica, infertilidad, embarazos ectópicos y aumentar el riesgo de adquirir o transmitir otras infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH. Sin embargo, la buena noticia es que la gonorrea tiene tratamiento, generalmente con antibióticos, siempre bajo indicación médica. Es fundamental no automedicarse, completar el tratamiento prescrito y avisar a las parejas sexuales para que también reciban atención.
La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz: el uso correcto del preservativo, la realización de pruebas periódicas y la consulta médica ante cualquier duda o síntoma son medidas clave para proteger la salud sexual y evitar que esta infección silenciosa se convierta en un problema mayor.
