NACIONALES (Historia Nacional, por Esteban Ross) A 199 años del nacimiento de Francisco Solano López, recordar su legado exige desenmascarar la mentira y hacer justicia con la historia. Durante más de un siglo, historiadores extranjeros —sobre todo desde Argentina y Brasil— han intentado pintar al Mariscal como un tirano desalmado que mandó a su pueblo a la masacre, pretendiendo instalar la falsa idea de que mujeres y niños fueron obligados a combatir por el capricho de un hombre. Pero la verdad de nuestra tierra es trágica y gloriosa a la vez: no hubo coerción, hubo un fervor patriótico inaudito. Solano López no fue un dictador arrastrando a su gente, sino el hijo y líder de una nación que prefirió la muerte antes que la esclavitud. Aquellos hombres, mujeres y niños no lucharon por miedo, sino por un amor sagrado a su soberanía y por una lealtad absoluta al destino que el Mariscal y su padre, Don Carlos Antonio López, supieron custodiar. Cuando cayó en Cerro Corá entregando su propia vida y la de su sangre, selló el compromiso supremo de un hombre que prefirió fundirse con la tierra paraguaya antes que vendérsela al enemigo.
¡Qué bofetada de dignidad representa la memoria del Mariscal frente a la miseria moral de la política actual! Hoy resulta indignante ver cómo el concepto de patria ha sido pisoteado por una clase política podrida, donde llegar al poder ya no significa servir al pueblo, sino saquearlo. Asistimos con rabia al espectáculo de cínicos y criminales que se candidatan sin vergüenza, financiados con el dinero sucio del narcotráfico y la corrupción, usando los cargos públicos como una catapulta para enriquecerse de la noche a la mañana. Mientras el ciudadano de bien se rompe el lomo y el pueblo paraguayo sufre la falta de salud, educación y trabajo digno, esta partida de parásitos se asegura vidas de reyes y el futuro de sus familias a costa del hambre ajena. En este 199.° aniversario, recordar al heroico Mariscal no debe ser solo un acto de memoria, sino un grito de indignación: es hora de que la dignidad de nuestro pasado avergüence a los vendepatrias del presente y nos devuelva el coraje para exigir el país que nos robaron.

