CIUDAD DEL ESTE (Locales por Redacción) . El pasado miércoles, en un enfrentamiento con agentes de la Comisaría 2ª en el barrio Ciudad Nueva, fue abatido Jorge Rolando Cardozo Jara, alias “Wifi”, de 27 años. El delincuente intentaba asaltar a cambistas cuando fue interceptado por la Policía. Lo que parecía un operativo más, terminó cerrando un capítulo que había quedado abierto desde hace tres años: el asesinato del oficial Gustavo Isaac Bareiro Godoy, de 31 años.
La noche del 27 de julio de 2022, el oficial Bareiro, entonces subjefe de la Comisaría 3ª de Ciudad del Este, ingresó al local comercial Zual Autoservice, ubicado en el barrio Obrero, para comprar un regalo de cumpleaños para su madre. No sabía que en ese momento, una banda de delincuentes estaba asaltando el lugar.
Bareiro, vestido de uniforme, apenas cruzó la puerta fue ejecutado a sangre fría por los criminales. No hubo advertencia. No hubo oportunidad de defensa. Las cámaras de seguridad registraron el momento en que intentó reaccionar, pero fue alcanzado por un disparo en la cabeza. Los asaltantes se llevaron mercaderías, su arma reglamentaria y huyeron2.
Desde entonces, la Policía inició una intensa búsqueda. Uno de los sospechosos fue detenido días después, pero alias “Wifi”, señalado como autor material del disparo, seguía libre. A pesar de su historial de antecedentes por robo agravado, violencia y otros delitos, logró evadir la justicia durante tres años.
El pasado 3 de septiembre de 2025, “Wifi” intentó asaltar a cambistas en Ciudad Nueva. Esta vez, la Policía lo enfrentó. En el tiroteo, fue abatido. Su muerte cerró un ciclo de impunidad que había dejado una herida abierta en la institución policial y en una familia destrozada.
La viuda del oficial Bareiro, Amalia Elizabeth Brizuela, expresó su dolor y alivio en redes sociales:
“La justicia divina tarda, pero llega, mi amor… Por fin mi corazón puede estar en paz.”
Bareiro dejó una esposa y dos hijas menores, que crecieron con el peso de una pérdida injusta. Su muerte no fue solo una tragedia familiar, sino un símbolo del riesgo que enfrentan los agentes que cumplen con su deber en un país donde la impunidad muchas veces supera a la ley.
Este caso no es solo una historia policial. Es una advertencia sobre los vacíos del sistema judicial, sobre cómo los delincuentes reincidentes logran evadir condenas, y sobre el dolor que queda cuando la justicia tarda demasiado.
Alias “Wifi” murió “en su ley”, como se dice. Pero el verdadero cierre lo dio la memoria de Gustavo Bareiro, un hombre que cayó cumpliendo su deber, y cuya familia nunca dejó de exigir justicia.

