CIUDAD DEL ESTE (politiquería por Carlos Roa) En Ciudad del Este, se viene una nueva elección municipal el 9 de noviembre de 2025, y como siempre, aparecen los mismos rostros, los mismos discursos reciclados, y las mismas intenciones: meterse en política para cobrar sin trabajar.
Tras la destitución de Miguel Prieto por corrupción, se abrió la puerta para que los oportunistas de siempre salten al ruedo. Y no faltaron. En vez de propuestas, lo que vemos es una carrera por el presupuesto municipal. Porque acá, la política no es servicio, es saqueo.
Los candidatos oficiales hasta ahora
- Daniel Pereira Mujica – Movimiento Yo Creo, apadrinado por Prieto.
- Roberto González Vaesken – Partido Colorado, exgobernador con fuerte estructura partidaria.
- Celso “Kelembu” Miranda – Independiente, conocido agitador político.
- Rigoberto Chamorro – Empresario, afiliado a la ANR, dueño de “Pastas del Este”, también oficializó su candidatura.
- María Ester Portillo – Intendenta interina, del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), confirmada como candidata oficial por su partido
Muchos de estos candidatos no tienen equipos técnicos, ni planes de gobierno, ni visión de ciudad. Lo que tienen es ambición y cálculo. Se meten en política como quien entra a una licitación: para ver qué contrato les toca, qué caja pueden manejar, qué favores pueden cobrar.
Y mientras tanto, la ciudad se hunde entre deudas, servicios colapsados y obras inconclusas. La política se ha convertido en un botín, donde el objetivo no es trabajar, sino cobrar sin rendir cuentas.
Mientras el partido colorado, con todos sus defectos, se organiza, se unifica y se lanza con fuerza. Vaesken es su candidato de consenso. Mientras tanto, la oposición se fragmenta entre egos y microproyectos personales.
Figuras como Kelembu no suman: dividen, confunden y debilitan. Son los típicos “pescadores de río revuelto” que aparecen cuando hay caos, pero nunca traen soluciones. Si la oposición se uniera detrás de un candidato medianamente decente, tendría chances reales de ganar. Pero no hay voluntad de construir, solo de figurar.
Payo Cubas lo entendió por un momento: canalizó el hartazgo ciudadano y logró meter senadores, concejales y hasta financiamiento estatal. Pero desapareció con la plata, y los cambios prometidos nunca llegaron. Su partido se convirtió en otro cascarón vacío, sin estructura ni compromiso real.
La política local muestra su verdadera cara: nadie quiere servir al pueblo, todos quieren servirse de él. Se pelean por cargos, no por causas. Se reparten contratos, no soluciones. Y mientras tanto, la gente sigue esperando que alguien gobierne con decencia.



